El Capitolio es ahora terreno republicano, pero la Casa Blanca no: el presidente de Estados Unidos, el demócrata Barack Obama, se mostró hoy dispuesto a colaborar con sus rivales, pero no a renunciar a sus reformas.
Obama aseguró hoy que escuchó el resultado de las elecciones legislativas del martes. Según admitió, fue una "gran noche" para sus oponentes republicanos, que controlan ya las dos cámaras del Congreso, por lo que el presidente no puede llevar adelante su agenda sin acuerdos.
Y no está a dispuesto a ceder fácilmente en sus convicciones. "Debemos mirar qué debemos hacer de forma diferente, pero los principios, las cosas que me motivan, eso no va cambiar", avisó a sus rivales.
Con la voz, las palabras y el gesto se mostró conciliador, pero no con sus decisiones: anunció que antes de final de año tomará medidas ejecutivas por su cuenta para llevar adelante la esperada y siempre aplazada reforma migratoria.
"Antes de fin de año voy a hacer lo que tenga que hacer para hacer que funcione nuestro sistema. Quiero ver si los republicanos quieren una ley, estoy ansioso por ver qué hacen, pero no voy a esperar más, ya he mostrado mucha paciencia buscando una solución bipartidista", dijo Obama, que había aplazado esas medidas a la espera de los comicios del martes.
Los republicanos ya habían advertido de que no desean acciones ejecutivas, y menos en este asunto. "Creo que si el presidente decide hacer muchas cosas unilateralmente en inmigración sería un gran error", advirtió hoy Mitch McConnell, que será el líder de la mayoría republicana en el Senado.
"Decir 'Si no hacen lo que quiero, lo hago por mi cuenta' es como agitar una bandera roja delante de un toro", avisó McConnell.
Los dos últimos años de mandato de Obama se presentan como un complejo juego político pensando sobre todo en las presidenciales de 2016. La parálisis podría acentuarse después de que los republicanos se hicieran con el control de la Cámara de Representantes en 2010.
Pese a que tanto el presidente como McConnell hablan de entenderse y recalcan que hay aspectos en los que pueden llegar a acuerdos, tardará en relajarse la desconfianza generada desde hace tiempo en un Washington muy polarizado.
McConnell insistió hoy en un habitual argumento de confrontación: la reforma sanitaria "Obamacare". La definió como un "gran error" y dijo estar dispuesto, si puede, a modificar al menos varios aspectos.
Capitolio y Casa Blanca se pueden vetar mutuamente, por lo que uno y otra tendrán que ceder si quieren demostrar que han escuchado a un electorado que asegura estar cansado de las intrigas bipartidistas.
El horizonte de las presidenciales de 2016, cuya cuenta atrás comenzó hoy, puede favorecer el final del bloqueo. Si los republicanos quieren mostrarse capaces de gobernar para recuperar la Casa Blanca y evitar un histórico tercer mandato demócrata, deberán dejar de ser el partido del no.
Un cambio a su favor es que el voto latino, que tan abrumadoramente se decantó por Obama en las presidenciales de 2012, ya no fue tan demócrata el martes.
En las carreras por el Senado, el 67 por ciento de los latinos votó a favor de un candidato demócrata frente a un 28 por ciento a favor de un republicano, según una encuesta publicada hoy por Latino Decisions.
"Ningún partido debe dar por garantizado el voto latino", dijo hoy Henry Muñoz, fundador de Latino Victory Project, abriendo un nuevo escenario más prometedor para los republicanos.
El partido opositor triunfó al presentar las legislativas como una censura de la gestión de un Obama poco valorado. Casi seis de las diez personas que votaron el martes tienen una mala imagen de su administración, según las encuestas a pie de urna.
Desde que fue elegido en 2008, Obama mostró su interés en dejar un legado duradero. En la recta final de su mandato tendrá el escenario más hostil, pero hoy mostró que no está dispuesto a dejarse doblegar por la agenda conservadora.
Fuente: Daniel García Marco, Dpa.