Desde hace tiempo, hay preguntas que rondan mi teclado. Hoy quisieron salir a la luz.
Cierta vez, Charly García le confesó a mi grabador: “Hay un montón de gente en Mendoza que me adora y me lo demuestran siempre, pero siempre dije que los mendocinos son muy caretas”.
La frase sigue retumbando….
La semana pasada, desde esta misma columna, se presentó una encuesta acerca de qué hacés cuando te encontrás de frente con un famoso mendocino. Las respuestas confirmaron nuestra identidad: de un total de 984 votos, 444 fueron a parar a la consigna “No me interesa y sigo caminando como si no lo hubiera visto”; 232 avalaron a “No hay mendocinos famosos” y 164 votos fueron para “Me quedo mirándolo y no le digo nada”.
Desde luego que estas respuestas –más lo que siempre se dice sobre nosotros, que somos montañeses, conservadores, exigentes, que el clima seco moldea nuestra personalidad- describen como somos los mendocinos: reacios, amargos, con cierta envidia al éxito ajeno y jugando un rol desinteresado ficticio.
Así ser profeta en tu tierra es algo casi imposible. En otras ciudades del mundo, una banda, un solista o un actor empiezan desde muy abajo, va mostrando su talento, pasa de lugares pequeñísimos a salas más grandes y siempre va acompañado de su público. Entonces, cuando el éxito golpea a su puerta, ya hay mucha gente que lo apoya, lo sigue, lo disfruta.
El artista mendocino cumple con los mismos pasos pero no goza de ese privilegio final. Para triunfar, para demostrar que es bueno, talentoso, que puede ser tan grande como los grandes, debe irse de Mendoza. Debe someter al público de la Gran Ciudad a sus pies y recién allí, volverá como un héroe.
Pregunto:
-Si Mike Amigorena no hubiese triunfado en el canal de las pelotas, ni se hubiese puesto en pareja con la divina de Carla Peterson, ¿sería un “mendocino que tan bien nos representa”?
-Si Los Enanitos Verdes no hubiesen hecho veinte giras por los Estados Unidos y México, y hubieran tomado la decisión de seguir tocando en la galería Caracol o el teatro Pulgarcito, ¿los iríamos a ver por su experiencia sobre los escenarios?
-Si Quino se hubiera quedado en nuestra provincia, ¿la gente haría cola en el ECA para ver sus dibujos?
-Si Alfredo Ceverino no expusiese sus obras en París y Nueva York, ¿lo saludarían al grito de “maestro” cuando se sienta a tomar un café en la Peatonal?
-Si los Karamelo Santo no hubiesen hecho diez giras por Europa, ¿llenarían el club Honor y Patria de Las Heras?
-Si Liliana Bodoc no fuese la exitosa escritora que es con su Saga de los Confines, ¿vendería tantos libros?
-Si Tito Dávila no fuese el tecladista de Calamaro, ¿sería entrevistado cada vez que vuelve a Mendoza?
-Si Fabiana Bravo no hubiese ganado el concurso “Pavarotti”, ¿la irían a escuchar al menos a la iglesia?
-Si Cacho Garay no hubiese triunfado en Tinelli, ¿la gente le pediría un chiste por la calle?
-Si Tilín Orozco y Fernando Barrientos no hubiesen ganado el Festival de Viña del Mar, ¿llenarían el Independencia?
-Si David Lebón y Gustavo Santaolalla no fuesen lo exitosos que son, ¿diríamos a viva voz que son “mendocinos por adopción”?
Ahora queda una pregunta final: ¿está mal ser así?
¿Por qué Mendoza no tiene farándula? Parte II
Cierta vez, Charly García no tuvo problemas en definir a los mendocinos: "Son muy caretas" dijo. Y, a fuerza de ser sinceros, analizando las acciones nuestras, no está muy lejos de la realidad. Veamos qué dejó la encuesta de la semana pasada.