“Tenemos pruebas sustanciales, significativas e importantes de que el área monetaria europea está ahora fragmentada”. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), reconocía así que el experimento europeo de una moneda única corre un serio peligro de resquebrajarse y en esa razón fundamentó su nuevo plan, las Transacciones Monetarias Directas (OMT, en sus siglas en inglés), que servirán para comprar deuda soberana de los países sometidos a una presión que, según el banquero central, nace de los “infundados temores de los inversores acerca de la reversibilidad del euro”. Pero la fragmentación no solo afecta a la financiación de los países en el punto de mira de los mercados, España e Italia, sino también a la de sus empresas.
Los inversores solo están dispuestos a comprar títulos emitidos por los Tesoros español o italiano si su rentabilidad es superior a la deuda alemana, que es la que perciben como segura, y eso explica la escalada de las primas de riesgo. Pero las pequeñas y medianas empresas de las economías más vulnerables de la zona euro son también las que más caros deben pagar los créditos que piden a los bancos. Según los últimos datos recogidos por el BCE, el coste de un préstamo de hasta un millón de euros con un vencimiento entre uno y cinco años, el típico que piden las pymes, se situó en España en julio en el 6,5%. Por la misma financiación, una compañía situada en Alemania tendría que pagar un 4,04% y una francesa un 4,14%. Las empresas españolas no pagaban unos intereses tan altos desde 2008. El desfase afecta también a los negocios italianos, que tienen que abonar un 6,24%, y portugueses, a quienes cuesta un 6,85%.
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