El ex presidente Néstor Kirchner, aún en funciones, y la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, están escribiendo una de las páginas más lúgubres de la historia argentina, mientras la población mira atónica e indefensa, con una dirigencia opositora sin capacidad de reacción y una dirigencia oficialista cómplice y complaciente.
El matrimonio Kirchner y todo su equipo de fieles y de obsecuentes han invertido un principio de la milenaria sabiduría china y están demostrando cómo se puede hacer de una oportunidad una crisis, algo así como la aplicación de una ideología por el método del absurdo.
Néstor Kirchner asumió en medio del comienzo de la actual crisis, cuando las tasas de interés internacionales habían bajado a un insólito 1% anual, se depreciaba el dólar, subían los precios internacionales de las materias primas que exportábamos y, a pesar de sostener el default por más tiempo del aconsejable, llegaban capitales a la Argentina.
Con la idea de conseguir una revolución del consumo, impulsó subas salariales por encima de la productividad, mientras les aseguraba protección a los empresarios. Estos, como siempre que tienen protección, sacaron las ganancias de sus empresas y las destinaron a otros negocios, porque no estaban apurados por la competencia y, ante el crecimiento de la demanda, optaban por aumentar precios en lugar de aumentar inversiones.
Con los precios “controlados” por Guillermo Moreno, la inflación que el gobierno había generado se disparaba y entonces, en lugar de eliminar las causas decidieron eliminar las evidencias y empezaron a falsear las estadísticas de precios. Con esto, siguieron perdiendo credibilidad en medio de discursos grandilocuentes festejados por la izquierda seudo-revolucionaria y conservadora.
Argentina tenía una oportunidad histórica de posicionarse en el mercado mundial de alimentos y obtener un lugar de privilegio en el concierto mundial. En lugar de eso, siguieron jugando al ideologismo absurdo.
Con las retenciones a las exportaciones de granos beneficiaron al los grandes productores, como corresponde, dándoles grandes subsidios, mientras se dedicaron a perjudicar a los pequeños y medianos (como corresponde a los izquierdistas seudo revolucionarios conservadores).
Así, consiguieron hacer disminuir la superficie implantada con granos, que disminuirá sustancialmente la producción del próximo año, ayudada por la sequía. Mientras se dedicaban a esto y generaban movilizaciones absurdas, se les pasó por alto un hecho verdaderamente revolucionario: China iniciaba una contra-reforma agraria para conseguir autoabastecimiento y saldos exportables. Para ello, se restituye, después de más de 100 años, la propiedad privada agrícola en China, siguiendo el camino que había iniciado el gran líder reformador Deng Xiao Ping.
Mientras en Argentina castigamos a los empresarios por ganar plata, en China comunista los instan a ganar plata para que produzcan más. Nuestro principal cliente se transformará en nuestro principal competidor, mientras seguimos combatiendo al capital (de los que no son amigos).
Hace menos de 60 días hicieron anuncios para congraciarse con el mundo de las finanzas, previendo que tendrían menos ingresos, y prometieron el pago total con reservas al Club de París y la renegociación con los bonistas que no habían entrado en el canje de la deuda en default (holdouts).
Pero cuando comenzó la crisis financiera en EE.UU., los inundó un espíritu reivindicativo, y Cristina salió a proclamar la muerte del capitalismo, dijo que Argentina no necesitaba un plan “B” y que el que lo necesitaba era Bush.
Mientras la población recibe atónita las noticias de la crisis en los países centrales y los anuncios de una recesión mundial larga, la presidenta sorprendió con la noticia de la nacionalización de los fondos jubilatorios en poder las AFJP, retornando todo al viejo y quebrado sistema de reparto.
Los argumentos, de fuerte carácter ideológico, no hacen otra cosa que esconder vagamente (porque todos se han dado cuenta) de que la única intención de los Kirchner es apropiarse de una jugosa caja, dejando un destino incierto y sin un plan verdadero de largo plazo para los trabajadores que tiene menos de 30 años de edad. Una irresponsabilidad total.
Por la forma en que se toman las medidas, algún analista calificó el método kirchnerista como “bonapartista”, y en tal sentido, el plan de quedarse con los Fondos de las AFJP parece esconder otras reivindicaciones ideológicas. Según trascendió, serían estatizadas empresas como Telecom, YPF y algunas concesiones de autopistas.
Quieren igualar a Chávez, pero con una diferencia: el dictador venezolano lo hizo con plata del petróleo cuando valía más de 120 dólares el barril. Los Kirchner lo hacen sin plata. El desprecio del matrimonio gobernante por las instituciones es alarmante.
Indudablemente, las decisiones del gobierno confirman que la Argentina no funciona como un país normal. En cualquier lugar del mundo, una crisis es una oportunidad, aquí, una crisis es una oportunidad, pero de confiscación.
Cuando en medio de la crisis teníamos la posibilidad de diferenciarnos con una política inteligente, nos lanzamos a los disparates ideológicos. Hemos hecho lo increíble: transformamos una oportunidad en una crisis.