El país, en foco: Puros y pocos

Una apuesta sin retorno. La incertidumbre sobre el futuro y la batalla final entre ortodoxia y heterodoxia. Y el peronismo como factor de moderación (¿Otra vez?).

Comienza a tomar forma una sensación de incertidumbre sobre el futuro. No me refiero ahora a aquella que se promueve, particularmente, desde los medios opositores. Aludo a una incertidumbre producto de la apuesta a todo o nada del oficialismo.

Es evidente que aunque el kirchnerismo ejerce el poder desde hace una década, su proyecto político no se ha afianzado. No cuenta el oficialismo con un reflejo parlamentario, por ejemplo. Tampoco con una prensa adicta potente. En el primer caso, en el del Legislativo, es cierto que con aliados ha logrado imponer proyectos caros al modelo K. La Ley de Medios es uno de ellos pero no es el único. Luego, a pesar de contar con una voluntad política a toda prueba, otros factores de poder (Clarín, un sector de la corporación judicial) han conseguido que las ofensivas de la Casa Rosada terminen navegando en aguas procelosas.

Decimos esto más allá del resultado de las apelaciones sobre la Ley de Medios que deberá resolver en poco tiempo la Corte Suprema. Ese resultado, aunque importante para el kirchnerismo, no lograría cambiar de cuajo lo que advertimos, que la incertidumbre sobre el porvenir político se apoya sobre vastos sectores de la sociedad como si de un pesado manto melancólico se tratara.

Esta sensación de vértigo se vincula, en particular, decíamos, por la fuerte apuesta del oficialismo. Apuesta que, hay que decirlo, es causa y efecto de su posición frente a algunos poderes fácticos, como el financiero y el mediático.

En el caso del sector financiero, no es posible afirmar que el gobierno de Cristina Kirchner le haya asestado un golpe definitivo. Para nada, más bien lo contrario: el Ejecutivo no ha logrado disciplinarlo y hasta ahora, más allá de la coincidencia en la visión heterodoxa del viceministro de Economía, Axel Kicillof, y de la presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, el mundo de las finanzas le ha dado la espalda a los esfuerzos oficiales por reactivar el crédito a tasas razonables para fomentar la sustitución de importaciones y sostener el empleo.

Incluso, la Presidente ha visto a algunos “popes” del sistema financiero detrás de cada una de las corridas cambiarias que ha debido enfrentar, la más grave de ellas apenas ganó las elecciones del 23 de octubre de 2011 con el 54 por ciento de los votos. Es cierto que para muchos banqueros, como para muchos empresarios en general, que cada ciudadano implique un voto es uno de los mayores errores históricos del liberalismo político.

En el terreno mediático el Gobierno va perdiendo la batalla. Todos los intentos por construir una voz –su voz– han chocado hasta ahora con el obstinado obstáculo de que lleva años acumular audiencias, que no basta con el dinero para hacerlo. Los medios estatales no han enamorado a mucho más público que el que tenían antes de 2003. El multimedios privado (de independencia) que ahora conducen los empresarios Sergio Szpolsi y Matías Garfunkel han demostrado ser un buen negocio para el primero y, otrora, para algún ex funcionario, pero su falta total de credibilidad es proporcional a la cantidad de pauta oficial que recibe. Gracias a esta situación, a este páramo mediático para el Gobierno, el Grupo Vila-Manzano  ha conseguido vender más cara su adhesión al oficialismo.

No obstante, la mayoría de los funcionarios prefieren sentirse arropados por estos medios, que nada cuestionan, antes que salir al descampado. También es cierto que desde el Grupo Clarín y sus medios satélites como La Nación o Perfil, nada de lo que provenga del Gobierno nacional es pasible de ser aprobado. Es que ni los unos ni los otros conocen los matices. Ni les convienen.

Por todo lo dicho, por esta incapacidad de reunir una audiencia propia, es exagerada la pretensión de los “clarinistas” sobre la construcción de un monopolio kirchnerista en los medios. Han, incluso, llegado al punto de ver en los acuerdos con los canales 9 y Telefé, o en la copra por parte del grupo del empresario Cristóbal López de los medios de Daniel Hadad (C5N, Radio 10, etc.) un brote de una política “chavista”.

Es verdad que resulta sumamente complicado para los grupos de medios sostener una política de prescindencia de la guerra que enfrenta al Gobierno con el Grupo Clarín, pero es indispensable volver a las fuentes y aspirar al mayor grado de independencia posible, siempre sabiendo que la libertad absoluta no existe.

La batalla de fondo que se está dando es una batalla entre una visión ortodoxa de la economía y de las relaciones sociales y políticas que tiene en un altar la libertad de mercado y la democracia formal. Y, en la otra punta del ring, una mirada heterodoxa que busca profundizar esa democracia y, con esto, alterar la relación de fuerzas existente entre el capital y el trabajo. Ni más ni menos.

Por eso, la incertidumbre gana espacio. Y esto sucede porque la Presidente y el pequeño círculo que la rodea han abierto entre un país y otro un abismo. Es pertinente preguntarse qué sucederá si el proyecto político del kirchnerismo fracasa. ¿Es imaginable regresar al modelo de país de los noventa, a esa Argentina desregulada que, alquimia de la convertibilidad mediante terminó –como era dable esperar– en la debacle del 2001?

Aquí entra a jugar el único factor de estabilización posible, el peronismo, ese hecho maldito de la política argentina según la visión de no pocos politólogos de raíz liberal. Daniel Scioli, Sergio Massa, incluso el propio Mauricio Macri son los mascarones de proa de este proyecto en ciernes.

Hasta aquí, desde el núcleo duro del oficialismo no surgen convocatorias al diálogo sino todo lo contrario. Pareciera que, sabiéndose menos, sólo queda un juego a cara o cruz. La salida está jugada, por lo que cualquier ganancia es más que lo que podría esperarse.

Mientras tanto, a la visión heterodoxa le quedan poco más de tres años para implantarse. Parece poco tiempo para un giro copernicano, en especial si el “raid” por el desierto se encara con pocos y puros. O con los laderos equivocados.

(*) Julio Villalonga es director de Gaceta Mercantil