Es hora de que Martino se ponga la chapa de candidato

El DT argentino manifiesta en cada conferencia una modestia que a esta altura no suma.

Foto: Télam
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Podrá ser estrategia o cábala, lo que si parece real es que el entrenador de la Selección argentina, Gerardo Martino, parece no encontrarle la vuelta a su discurso y, en su afán de quitarse presión, deja con sus dichos al subcampeón del mundo como la cenicienta de la fiesta en cada certamen internacional.

Claro está que la Argentina, antes de pisar suelo estadounidense, ya era la número uno en las apuestas para alzarse con el trofeo. La Selección viene de ser finalista en el último Mundial, de ser subcampeona en la pasada Copa América en Chile y, como si fuera poco, se posiciona en el puesto número uno del ranking FIFA.

Se sabe que Martino es un entrenador cauteloso, pensante y es difícil encontrarlo en una situación chocante. Pero, es tiempo de cambiar el chip. Evidentemente, la humildad en exceso no ha dado resultados gratificantes y hoy, a tan poco para el final de la Copa América, es necesario creerse el puesto que se ocupa, de una selección de primer nivel y con el mejor jugador del mundo.

"No somos los mejores, hay otros equipos que realizan de gran forma la presión alta y que juegan mejor". Ya está, el discurso queda chico en la camiseta Albiceleste. Sin llegar a ser arrogante, se puede mirar bien alto, creerse el gran candidato, luchar por el objetivo, saber que Leo, el mejor, está entre nosotros, aceptar que entre los tres equipos que quedan en competencia no han ganado ni un cuarto de las torneos continentales que ha obtenido la Argentina y que desde lo futbolístico se está para lograr el anhelo que se viene negando desde hace ya 23 años.

Y si luego se pierde, porque al fin y al cabo esto sigue siendo un juego, no pasará nada, será tiempo de volver a trabajar desde un principio.

El discurso humilde y sumiso ya debería quedar de lado. Es hora de empezar a mirar a todos desde arriba y asumir, de una vez por todas, la responsabilidad imperiosa que tiene este cuerpo técnico y, en especial, este grupo de jugadores sedientos de gloria.