Aprovechar las propiedades del limón y el jengibre suele ser una recomendación habitual ante los primeros síntomas de cansancio, frío o dolor de garganta. Sin embargo, la falta de tiempo para pelar la raíz y exprimir cítricos en el momento suele conspirar contra este hábito.
Limón y jengibre congelados
La técnica de congelar la mezcla en cubiteras se consolidó como una solución rápida, económica y funcional.
Esta combinación no solo destaca por su sabor vibrante, sino por el valor nutricional de sus componentes. En el caso del limón, aporta una importante dosis de vitamina C y antioxidantes. Mientras que el jengibre da un toque picante estimulante y cuenta con reconocidas virtudes antimicrobianas.
En caso de añadir miel, actúa como suavizante natural de las vías respiratorias y equilibra la acidez.
Un detalle fundamental al momento de consumir estos cubitos es el control de la temperatura. El agua no debe estar hirviendo.
La vitamina C del limón y los componentes bioactivos de la miel pura sufren una degradación severa ante temperaturas extremas. Para conservar sus beneficios intactos, se aconseja verter agua tibia o caliente (sin que haya alcanzado el punto de ebullición).
El procedimiento demanda apenas unos minutos y rinde para varias semanas de uso en el congelador.
Ingredientes
3 limones (solo su jugo).
40 gramos de jengibre fresco pelado.
1 cucharada de miel
Colocar el jugo de limón, el jengibre picado y la miel en la licuadora. Procesar durante un minuto hasta lograr un líquido parejo. Verter la mezcla dentro de una cubitera y llevar al freezer por un mínimo de 3 horas.
Una vez sólidos, los cubos pueden colocarse a una bolsa hermética para optimizar espacio.