Novela de heridas y recuerdos, Fractura (Alfaguara) del escritor argentino Andrés Neuman, es un sumergimiento a los horrores del pasado y las fisuras del presente, que habla de las resiliencias de un hombre sobrevolado por lo trágico y que son contadas por miradas personales y ajenas en formas vívidas, profundas y nostálgicas.
Yoshie Watanabe sobrevivió en su niñez a dos calamidades de enorme impacto mundial: las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Tras perder a su familia y vivir con unos tíos en Tokio, Yoshie abandonó el silencioso Japón y vivió en cuatro ciudades occidentales como ejecutivo de una empresa de televisores: París, Nueva York, Buenos Aires y Madrid fueron sus escenarios de maduración y amor.
Poco después del regreso a tierras niponas, el terremoto del 2011 y su consecuente desastre nuclear en Fukushima resquebraja en el protagonista aquellas añejas lesiones de su alma. Embebido en los fantasmas de la memoria y en la necesidad de vincular su historia con esa nueva catástrofe, Yoshie se embarca en un viaje a la región afectada para ver con sus ojos lo que nadie desea observar y él sintió en carne propia: el dolor y la supervivencia de los damnificados.
Sustentada en la metáfora del kintsugi, técnica japonesa de reparación de cerámica que deja marcas visibles en los objetos con el fin de contar sus historias y revalorar su belleza, esta obra se constituye en los relatos de las cuatro mujeres que fueron parejas del protagonista en cada ciudad donde vivió (excepto Tokio), y el espacio dedicado a Watanabe relatado en tercera persona omnipresente, transformándose en un intercambio de voces, hechos y reflexiones que ofrecen un panorama más abarcativo de la trama.
Hombre de mundo y extranjero propio, Yoshie construye su existencia posnuclear sobre la búsqueda de su identidad como superviviente, queriendo entender por qué la muerte no se lo llevó de este mundo. Arma proyectos, absorbe culturas distintas y explora en el lenguaje extraño el arte de la comunicación con el otro, para finalmente deshacerse de lo hecho y embarcarse en una cadena de sentidos y sinsentidos, que en el regreso a su país natal en la vejez intenta estabilizar. Allí se encierran sus peculiaridades: quedarse en una soledad normalizante, eludirse de las estridencias ideológicas, abrirse a lo nuevo y ser maleable frente al aprendizaje, desarraigarse del presente y encontrarse en los placeres ocultos.
"¿Es material la ambición? ¿O lo material es apenas una expresión concreta de otro anhelo?"
A través del camino de la vida, como sugiere el texto, se pierden opiniones para ganar ideas; aunque las dudas se mantienen intactas, esperando ser respondidas. "Pero las víctimas, se pregunta, ¿siempre se consideran víctimas? ¿Identificarse como tales supone una reacción espontánea o más bien un incómodo proceso?".
Las narraciones de las cuatro exparejas de Yoshie (la parisina Violet, la neoyorquina Lorrie, la porteña Mariela y la madrileña Carmen) permiten comprender, entre otras cuestiones, cómo Watanabe maduraba sus ideas, expresiones y relaciones sociales en cada sitio que habitaba, con los idiomas y las tradiciones inherentes de cada ciudad tornándose en indicadores primordiales de sus metas. Por momentos reflexivas y en ocasiones más irrelevantes, las memorias de estas mujeres son piezas que constituyen diferentes tonalidades de un sujeto, que se complementan con sus coincidencias y contradicciones.
En Fractura, Neuman reafirma su calidad como escritor, al ofrecer una narración poética, delicada y por momentos con cierta magnanimidad disfrutable. Convierte en virtuoso lo que puede resultar tedioso en otras formas, resalta la sensibilidad del dolor y la profundidad de la cavilación. Aun cuando se pierde entre informaciones y relatos que dispersan, el autor reencuentra el rumbo y avanza hacia una mayor claridad sustentada en capítulos más abstractos pero elocuentes, especialmente el viaje a Fukushima y aquel dedicado al periodista argentino Jorge Panelo que trata incansablemente de entrevistar al protagonista, ambos de resolución tan espontánea como sobresaliente.
"Ahora, hacia el final de sus días, se pregunta si sus viajes habrán sido la búsqueda de un presente deslizante. Igual que un corredor que empujara la meta, convertida en alfombra, con la punta de los pies".
Nicolás Munilla