Más redes, menos humanos

La hiperconectividad en las relaciones entre individuos y sus consecuencias son los ejes abordados por Sebastián De Caro en su novela "La flor más falsa del mundo".

Facebook, Twitter, Instagram. Las estrellas cibernéticas de los últimos años se instalaron entre nosotros para potenciar y reconfigurar las formas de las relaciones entre los seres humanos, tanto positiva como negativamente. Quizás, en una época donde avanzamos fervorosamente hacia la digitalización y la cibernetización, el mayor impacto en la cotidianeidad no se concrete con los robots o los aparatos electrónicos, sino con variables menos palpables que respondan a cuestiones psicológicas y sociológicas más profundas y complejas. Más relacionadas a, justamente, las actividades en las redes sociales.

Ese impacto, que surge de lo individual y se traslada hacia lo colectivo, puede manifestarse de infinitas maneras, hasta en la muerte. La flor más falsa del mundo (Reservoir Books), del cineasta, guionista y actor Sebastián De Caro, aborda la cara oscura de las redes sociales: una relación dispar entre plataformas web y usuarios, donde las construcciones personales terminan siendo meras poses que desatan amores y odios. Esta novela refleja cómo esa máscara de igualdad social y afianzamiento de los vínculos, puede quebrar uniones y voluntades, afectar individualidades en pos de la homogeneidad de los grupos y la atomización forzosa.

La historia parte del suicidio de Remo Ingrao, un joven poco comprendido que escribe frenéticamente en su blog, un inadaptado social que busca los placeres terrenales a través de lo imprevisto y lo inhabitual. Antes de su muerte, Remo se ve envuelto en la red social Londa: una aplicación extremadamente popular que prácticamente domina a sus usuarios, comandando gustos, afinidades, actividades, amores y odios; un sitio que "de a poco se apodera de tu existencia". Joaquín y Valentina, amigo y exnovia de Remo, respectivamente, intentan dilucidar lo que ocurrió a través de los escritos y posteos de Ingrao: una sucesión de textos desordenados, confusos y etéreos, que van tomando cuerpo y coherencia a través de sus lecturas.

Se trata de una narración fresca, poco convencional y, al principio, algo dificultosa, sustentada en los escritos del protagonista, que ahonda en la decadencia y la alteración de los individuos en pos de una hiperconectividad que alienta el estrellato y la fama social. Encierra una visión pesimista, un tanto oscura, sobre la pérdida de la condición humana de los usuarios y la humanización de las redes sociales, bajo la representación en la ficticia Londa.

Con un abanico de personajes variopintos, De Caro propone sumergirse en una retrospectiva laberíntica que refleja la feroz influencia de las redes sociales y el consumo cibernético entre las personas, enfocándose en las nuevas generaciones 2.0, "gente de un siglo nuevo que ya no se preocupa por el vacío". En contraposición, también muestra a los resistentes, los que enfrentan el avasallamiento de las redes, el cambio de paradigmas sociales y la imposición de reglas fijas e inertes que apuntan a la deshumanización: rebeldes con causa que luchan contra esas plataformas monstruosas.

A su modo, La flor más falsa del mundo se transforma en una obra moderna, inquietante y dinámica.

Nicolás Munilla