Putin, el líder "pragmático"

Fréderic Pons ofrece una biografía distinta sobre una personalidad que no acepta matices: o lo amas, o lo odias.

Pocos líderes mundiales despiertan tantas pasiones y debates como Vladimir Putin, la figura dominante de la Rusia del siglo XXI. Amado por la gran mayoría del pueblo ruso y detestado por las élites políticas occidentales y opositoras de su país, Putin refleja la imagen de un hombre férreo, viril, de carácter templado y con tintes autoritarios, que no duda en aplicar métodos moralmente aceptados o no, para alcanzar sus objetivos.

El escritor y exmilitar francés Fréderic Pons publicó una de las últimas biografías del líder ruso en 2014, recientemente traducida al español por Editorial El Ateneo, en la cual da cuenta, de manera minuciosa, sobre el orígen y la trayectoria profesional y política de Putin, desde su nacimiento en la Leningrado de la posguerra (actual San Petersburgo) hasta la consolidación de su presidencia del país euroasiático. A su vez indaga en el contexto de la sociedad rusa que propició su imparable ascenso, e intenta explicar los motivos de su inmensa popularidad dentro de las fronteras locales y del rechazo que provoca en las principales potencias occidentales.

"Pragmático", "prudente", "realista" y "riguroso" son los adjetivos utilizados frecuentemente por el autor para describir a Putin. El texto pinta el retrato de un hombre pragmático, estratega e inteligente con personalidad férrea y disciplinada; de actitud hosca pero contradictoriamente atractiva; aficionado al deporte, las armas y la espiritualidad religiosa; y que toma decisiones tajantes e impositivas, siendo su principal objetivo el recuperar tanto la "grandeza perdida" de Rusia mediante el desarrollo económico y social de su país como su estatus internacional, sin que ésta pierda los "valores tradicionales" de su cultura e imponiendo su carácter determinante frente a los demás líderes mundiales.

Desde una perspectiva que busca ser lúcida y objetiva, Pons aborda todas las controversias que rodean al líder eslavo, especialmente aquellas surgidas en los círculos intelectuales, académicos, políticos y periodísticos de Europa y Estados Unidos, y trata de desmitificar o desacreditar dichas teorías sin caer en elogios incongruentes. Por ejemplo, el autor descree que el liderazgo de Putin sea producto de una "conspiración" del Servicio Federal de Seguridad (FSB, por sus siglas en ruso), sucesor de la KGB, para perpetuarse en el poder, y para ello brinda como argumento la mediocre carrera del dirigente como agente de inteligencia soviético. Entre otras especulaciones, el escritor pone en duda la supuesta persecución del gobierno ruso contra periodistas e intelectuales y esgrime explicaciones respecto al tratamiento por parte de Putin de los derechos humanos en su país.

Aunque quizás la ecuanimidad pretendida no sea absolutamente lograda, más contundente es el rechazo de Pons a las consideraciones que Occidente expresa sobre el presidente de la Federación Rusa: "Sobre su controvertida personalidad y sus ideas, que a muchos les resultan intolerables, cunde un conformismo intelectual que es necesario superar para analizar al hombre y al país que lo ha llevado al poder, cuidándonos de no caer en el eurocentrismo típico de Occidente y en los contrasentidos que suele provocar".

Esa visión negativa euro-estadounidense se contrapone con la ferviente admiración rusa. Desde que asumió la presidencia en 2000, Putin no ha tenido que preocuparse demasiado por su popularidad dentro de su país, a pesar de los rumores de enriquecimiento ilícito, las campañas mediáticas de sus opositores, las guerras en Chechenia y Georgia y los brutales operativos antiterroristas. Las claves de esa fervorosa admiración estarían sentadas en la idiosincrasia de la sociedad rusa y en su propia historia como nación: el absolutismo zarista, la revolución bolchevique, las dictaduras soviéticas, la Segunda Guerra Mundial y la desintegración de la Unión Soviética, finalizando con un país en ruinas, humillado y vergonzosamente sumiso ante las mafias y los empresarios oligarcas. "Putin trabaja prioritariamente para sus compatriotas, que en su mayoría están felices de haber vuelto a encontrar un jefe, con fama de duro pero justo, y que es ‘patriota e imperial'".

"Humillada por el repliegue ruso desde 1991, asqueada por el saqueo de las riquezas del país, obsesionada por la sensación irreprimible de un encierro urdido por potencias supuestamente hostiles, esa Rusia profunda supo reconocerse en el ambicioso proyecto restaurador que le propuso su presidente", escribe Pons.

Esta biografía de Vladimir Putin es reveladora, superadora y polémica. Se anima a ir más allá de los discursos estáticos positivos o negativos que acechan al dirigente ruso, en un paso más para desentrañar a esa figura relevante dentro de la compleja maquinaria del poder internacional.

Nicolás Munilla