Alejandro Schulz Solari, más conocido por su seudónimo Xul Solar (1887-1963), fue uno de los artistas más representativos del país, cuyo legado artístico excede por demasía al arte pictórico, ya que a lo largo de su vida se dedicó a investigar, desarrollar y practicar la pintura, el esoterismo, la astrología, la filosofía, el orientalismo, la música y la arquitectura, entre otras ramas, creando una obra universal e introspectiva que representa su cosmovisión e invita a conocer los misterios y enigmas detrás de su figura.
Xul Solar. Pintor del misterio (Sudamericana), es una reedición de la biografía que el escritor Álvaro Abós publicó en 2004 y que hoy reaparece a casi 130 años del natalicio del artista. La misma indaga en la vida de Xul Solar, su infancia en San Fernando, su breve primera experiencia como residente en Buenos Aires, el extenso viaje de doce años por Europa en búsqueda de perfección y conocimientos, su retorno al país en la década de 1920 y el desarrollo de su carrera artística, junto con su activa vida social en los ambientes culturales porteños, especialmente en el de la literatura, gracias a lo cual forjó grandes amistades con Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal y Macedonio Fernández, entre otros talentosos.
Las variopintas actividades de Xul Solar refuerzan una visión universal sobre sus obras, que en su conjunto manifiestan lo que el artista expresó a lo largo de su carrera, lo oculto y misterioso del mundo. Como un artista del Renacimiento, Solar combinó las artes visuales con el esoterismo, la religión, la lingüística, la poesía, la astrología y la arquitectura, entre otras más, creando trabajos artísticas de sutil belleza, marcados por el simbolismo, las formas y los colores, que alejaban las comparaciones básicas o los infructuosos intentos de acercamiento a las corrientes artísticas imperantes. Xul integró, condensó y explotó todo lo que flotaba en el aire del arte, logrando que su legado, a cincuenta años de su partida física, siga siendo tan admirado y fascinado por el público.
La creatividad de Xul Solar no tenía límites. Creó dos idiomas: el 'neocriollo', mezcla del español y portugués que daba lugar a su faceta ideológica latinoamericanista, y la 'panlengua', pensada para lograr la comunicación universal; ambas eran los fieles resultados de un Schulz Solari multilingüístico que dominaba varios idiomas desde pequeño. También diseñó un juego, el 'panajedrez', e impulsó con mucha convicción el sistema duodecimal, que está muy presente en sus creaciones. Además confeccionó títeres, grafías, textos de cierta complejidad (muchos en 'neocriollo'), cartas astrales y un tarot. Además se dedicó al aprendizaje y enseñanza de la filosofía oriental (como el budismo y el I Ching) y el horóscopo zodiacal, se relacionó con el movimiento rosacruz, la teosofía y la antroposofía, y consolidó un nutrido grupo de seguidores, convirtiéndose en un erudito de los saberes esotéricos y fuente de consulta de artistas y profesionales.
Es imposible descubrir la vida y obra de Xul sin entender aquello que lo rodeaba. Abós supo explayarse magníficamente en ese sentido, transportando al lector a la Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX, cruzada por la ebullición cultural, el europeísmo realista entreverado con el auge nacionalista y la desconfianza a las corrientes de vanguardia mientras sus jóvenes artistas deambulaban por el Viejo Continente en busca de experiencias. Las relaciones del artista fueron muy importantes en su formación y conexión con el mundo material: Abós no deja de lado las pequeñas historias de la acotada familia de Solar y sus amigos más cercanos.
Dada las reticencias de Xul Solar a dejar cualquier escrito de sus memorias, Abós se vio en la titánica tarea de reconstruir la vida de Alejandro Schulz en base no solo a la propia obra del artista (ya sea mediante sus pinturas o sus escritos, varios de ellos como colaboraciones en publicaciones culturales, como Martín Fierro), sino también en los testimonios de terceros, ya sea mediante anotaciones en sus autobiografías (como hizo el talentoso pintor Emilio Pettoruti, gran amigo de Schulz en su juventud y con quien introdujo la vanguardia pictórica en la Argentina), ante una consulta o en cualquier oportunidad que se presentaba (Borges fue uno de los mayores divulgadores de anécdotas de Xul) o a través de sus propias obras, dado que Solar fue una gran fuente de inspiración para buena parte del movimiento literario nacional del siglo XX.
En este último caso, el autor resalta dos narraciones ficticIas cuyos personajes principales se inspiraron fuertemente en Solar: Adán Buenosayres (1948), de Marechal, que forjó al mago Schultze a imagen y semejanza de su amigo; y Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (1940-1941 y 1944), uno de los cuentos de Borges, quien incluyó a Xul como el traductor de una de las lenguas de Tlön.
También son fuentes bibliográficas imprescindibles los archivos del Museo Xul Solar, diversos libros de crítica de arte sobre las obras de Schulz Solari (se destacan los de Osvaldo Svanascini -discípulo del artista-, Jorge López Anaya y Patricia M. Artundo), artículos y entrevistas periodísticas, y demás obras relacionadas directa o indirectamente con el artista.
Pintor del misterio, Mago del color, Xul Solar no deja de maravillarnos. Esta biografía va más allá de la figura del artista; busca, al igual que Xul, hacer visible lo invisible a nuestros ojos.
Nicolás Munilla