Quince cuentos son los que forman Del mundo que conocimos (Alfaguara), una suerte de autobiografía de Abelardo Castillo, una ventana abierta deliberadamente por el escritor para conocer, mediante la significación de los textos, una parte de su intimidad.
Se trata de una selección personal que Castillo elaboró en base a criterios más íntimos que estéticos, menos por gustos literarios que por el trasfondo íntimo que encierra cada obra. Desde el muy conocido La madre de Ernesto hasta La fornicación es un pájaro lúgubre, estos cuentos manifiestan la evolución del autor (tanto literaria como vivencial), sus ideas, influencias y la visión que posee sobre sí mismo y lo que lo rodea.
El escritor de Crónica de un iniciado rechaza calificar esta recopilación personal con el término "antología" que, curiosamente, la editorial reproduce en la tapa. "El peor antólogo de un escritor es él mismo; elige sus textos pensando en lo que cree ser, o en lo que le gustaría que el lector creyera que es. [...] Supone una elección fundada en méritos; supone un juicio de valor. Infunde la sospecha de que estamos en presencia de lo que es como debe ser".
Ya en el prólogo, casi idéntico al de la antología de 1982 El cruce del Aqueronte, Castillo orienta al lector sobre la mirada inicial que debería tener frente a esta "no antología": "Estos relatos son, por decirlo así, mis preferencias. Dibujan a su modo una especie de autobiografía, que no debe buscarse en las anécdotas, sino en lo "indecible", en lo que cada historia significó para mí (verbal o humanamente) en el momento de escribirla".
"Hay cuentos, en efecto, que son cuentos; y hay espejos, fotografías agrietadas, jirones de pesadillas o alegrías de alguien que es otro".
Lo que propone Castillo con Del mundo que conocimos es la búsqueda de aquellas resonancias que se encierran detrás de las palabras, el intento de comprender qué representaron dichas obras en determinados momentos de la vida del autor y cómo influyeron sobre su legado.
Más en superficie, es interesante recabar en los varios paralelismos existentes entre determinados cuentos y con otras obras de Castillo, aquellos elementos que forman una suerte de ‘mini universo' entre varios de los textos, y las temáticas que aborda, ya sea la soledad reflejada en los estados de desesperación y abandono, el amor visto desde perspectivas disímiles como la infidelidad, la muerte o la juventud, y la crueldad, encarnada en forma de locura o de mujer.
Todo está librado, pero no necesariamente al azar. "Yo podría explicar por qué cada una de estas historias es representativa de algo: esa explicación apenas tendría que ver con la literatura. Tengo además la esperanza consoladora de que más de un lector lo descubrirá por sí mismo".
Nicolás Munilla