El 6 de julio de 1816, Manuel Belgrano, en sesión secreta, informó al estado de Europa de lo que se vivía por aquellas horas en esta parte del mundo y alertó de las posibilidades de la guerra contra España. Entonces, sus palabras precipitaron la declaración de la independencia que se produciría tres días después.
En esa ocasión, Belgrano manifestó que si la Revolución había merecido en un principio simpatías de las naciones europeas "por su marcha majestuosa", en el día y debido a "su declinación en el desorden y la anarquía, sólo podíamos contar con nuestras propias fuerzas.
Además, mencionó que las ideas republicanas ya no tenían predicamento en Europa y ahora "se trataba de monarquizarlo todo", siendo preferida la forma monárquica-constitucional a la manera inglesa.
En aquella oportunidad, Belgrano planteó aquella idea de una monarquía inca. "Dijo que la forma de gobierno conveniente al país era la monarquía 'temperada' llamando a la dinastía de los Incas 'por la justicia que envuelve la restitución de esta Casa tan inicuamente despojada del trono".
Según recupera El historiador, con la idea de Belgrano "el entusiasmo general se despertaría en los habitantes del interior, y podía evitarse así una sangrienta revolución en lo sucesivo".
Las palabras de Belgrano encontraron eco cuatro días después en la Declaración de la Independencia, ya que debíamos hallarnos "librados a nuestras propias fuerzas".
Esto ocurrió en una reunión de congresales que tuvo lugar el 6 de julio de 1816 en Tucumán.