Mi vida en Huel
(Literatura Random House), del escritor y cineasta Sergio Bizzio, gira en torno a la narración en primera persona de una preadolescente de doce años que cuenta sobre sus vivencias en el pequeño poblado de Huel, donde fue enviada a vivir con su padre luego de perder a su madre en un accidente automovilístico. Las líneas de lo verosímil y lo perturbador se diluyen paulatinamente frente a sus ojos, en el contexto de un paisaje plano y extrañamente sereno.
La historia se sustenta en un puñado de personajes, además de la protagonista Irina, tan contrastantes como similares en sus actitudes que bordean la insensatez y caen en lo absurdo, desde un padre de aura misteriosa y un hermanastro que vive en el limbo hasta un amigo ciego y ermitaño que gusta leer poesía. Irina asimila el intempestivo cambio de hogar casi inmediatamente y se acopla a una vida solitaria basada en la supervivencia. "Mi primera impresión fue negativa, pero no me llevó mucho tiempo captar el espíritu del lugar y acoplarme a su abandono. Nadie se metía con nadie".
Desde una premisa simple, Bizzio va desarrollando una historia que se complejiza a través de una sucesión de hechos que, de pronto, llega a un punto donde lo absurdo se transforma en normal, lo insólito en regla general, lo estrambótico en algo común y corriente, lo misterioso en lúcido, la muerte en vida. Estas contradicciones entre lógica e irracionalidad mutan en componentes asépticos que profundizan los interrogantes y conducen al lector por la narración a través de la intriga que, al fin de cuentas, sostiene y apuntala la magnificencia de la novela.
El lenguaje claro y suficientemente entendible del autor engloba y, paradójicamente, deconstruye diversos subgéneros de la literatura, como la poesía, el suspense, policial y matices de sátira, que se transforman, complementan, mezclan e incluso se rechazan entre sí, dando como resultado una narrativa intrigante que se corre parcialmente del realismo hacia lo hilarante y turbado.
Con sus características particulares, Mi vida en Huel se nutre de la imprevisión, la ruptura del orden y el contraste para preservar el enigma de la existencia, y replantea los modos preconceptualizados que tenemos de nosotros mismos.
Nicolás Munilla