Lo que el cielo te da si sos (muy) pobre

Les prometen a los pobres que de ellos será "el Reino de los Cielos". Pero mientras tanto, nadie hace demasiado para que salgan de pobres. "Pobres -repiten hasta ellos mismos de tanto escucharlo- habrá siempre", sin siquiera permitirse la ilusión de que todos sean clase media.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

La lluvia no cae igual en todas parte. No es lo mismo una lluvia en una casa de material que un rancho. Aun en una misma cuadra, mientras unos encuentren romántico el novedoso mal tiempo de Mendoza, otros viven una tragedia, debido a la endeblez de las construcciones que los albergan. El frío, asimismo, no enfría igual en todas partes, por más que la temperatura sea la misma. No es lo mismo si tenés con qué calentarte con solo girar una llave u oprimir una tecla (además de tener con qué pagar luego el gas o la electricidad) que no tener esto que está entre paréntesis y tener que salir a juntar ramas, sino basura, para encender una fogata. 

Hay gente que no sabe que hay otra gente que intercala diarios entre las colchas que tienen en sus colchones, camas o sitios donde dormir. Que acumulan la ropa sobre ellos en las noches gélidas, a modo de cubrecama, para volver a ponérselas al amanecer para encarar el día siguiente. Y hay gente que tampoco sabe -sumida en depresiones de ocasión- que toda esa gente, miles, en las orillas de las ciudades o bien en sus corazones, invisibles, se levantan cada día a enfrentar la vida en esas condiciones en las que les tocó, olvidándose de deprimirse, urgidos por afán de conseguir el pan, la yerba, los fideos, el azúcar. No buscan más que eso. Cuando llega algo extra, es fiesta y eso se celebra en comunidad, si se puede.

Una recorrida junto al fotoperiodista Pachy Reynoso por algunos sectores del Gran Mendoza en plena lluvia permitió comprender un poco más las consecuencias de la rara circunstancia, más allá de la queja lógica por los baches que el mal tiempo ocasiona en las calles.

Mil fotos pudimos haber elegido, pero nos centramos en seis circunstancias. De todos los casos en tan amplio espacio físico, con Pachy nos quedamos con El Borbollón y los alrededores del basural, en donde se nota un fenómeno social con mucha fuerza: la gente quiere emerger, pero el crecimiento vegetativo sigue multiplicando las necesidades en círculos concéntricos; allí se percibe inversión estatal, pero en una forma más estética que estructural; en el lugar hay movilización social como forma de autoayudarse. Pero lo que falta es que tengan la oportunidad de dejar de ser pobres (¿es muy absurdo plantear ese objetivo? ¿No solo al clientelismo le interesa que permanezcan así de pobres para siempre? ¿Alguien cree que están chochos de pensar que "para ellos será el Reino de los Cielos", pero para que pase tienen que morirse?). 

Por ahora, el único cielo que ven les da lluvia y más desgracia.

Hay fuego presente en días así. El humo que es señal de "parrillada" en otros barrios, allí es calefacción, cocina y -si se quiere- diversión para los pibes que se quieren sacar de encima lo que ya no les sirve tras haberlo recogido de la basura. El olor del humo es bastante diferente. Las prioridades son otras, claro está: no es la contaminación ambiental sino no morir congelados. Exageramos: no enfermarse, porque si no hay que esperar horas para ser atendido en algún dispensario.

El concepto de "oficina" varía notoriamente en un radio de 10 kilómetros. Si uno se sube a algún cerro cercano puede verse la Ciudad de Mendoza completa en una maravillosa imagen panorámica. Diez mil metros de distancia al centro que parecen un todo océano para quienes tienen que trabajar aquí, en donde duermen, comen y buscan motivos para empezar de nuevo cada día.

Nuestra discusión por el sistema de transporte llega tarde. ¿O será demasiado pronto? Aquí se vive en otra época, con tracción a sangre. El concepto de ecología pasa por otro lado: se podrá querer y cuidar a los caballos, pero para que sigan trabajando al día siguiente. ¿Hay que ayuda a "esta gente" o hay que comprender que vive en una dimensión superpuesta a la de la clase media que está llamando en este momento a la radio para quejarse de los baches en las calles? ¿Les mandamos abrigos que nos sobran o reclamamos que tengan la posibilidad de elegirlos por sí mismos, de comprarlos con el dinero que puedan llegar a ganar en función de trabajos dignos?

La burbuja inmobiliaria es una materia pendiente. No pagaron por el lugar en donde se instalaron, es verdad. Pero, ¿alguien pagaría para vivir así? Probablemente tengan que empezar de cero con sus ranchos en otro lugar cuando alguien pague por todo y decidan emprender algo diferente en el lugar. 

Por ahora, las urbanizaciones les han dado acequias de cemento, pero no techos sólidos; un polideportivo, pero una oportunidad de salir del pozo.

  ¿A alguien se le ocurre que si a sus hijos se les diera la chance de vivir de otra manera la rechazarían? Hay gente que piensa que sí y muchas veces, los que así piensan no son "la aristocracia", sino la sociedad transversalizada por una defensa romántica del "pobrismo".