¿Ayudamos a subir a Nancy y Agustín?

Como a todos, la vida los pone a prueba y van respondiendo, como todos. Ahora, ajustan sus prótesis para intentar subir el Aconcagua a fin de año. Y nos necesitan. No habrá pendiente que los detenga, si les damos una mano.

Foto: Ulises Naranjo.
Foto: Ulises Naranjo.

La naturaleza es un lugar que iguala: llega siempre un momento en el que todos allí -sobre todo en la alta montaña- somos discapacitados. Y si tomos somos discapacitados, pues todos somos capacitados. La montaña iguala y también une; es un espacio de reconciliación y de aventuras plurales.

Por eso, uno nunca sube y baja solo de una montaña: siempre, pero siempre, aún para los más dotados y solitarios, hay gente ayudando y cuidando que todo salga de la mejor manera. Y si algo sale mal, pues ahí se notan más que nunca esas presencias que acompañan y que salvan, nada menos.

Hace unos días, llegaron noticias saludables desde el Aconcagua -ese territorio de vida y peripecia que sabe, por lo mismo- de la muerte. Es que se dieron dos cumbre fuera de lo común: la de Kyle Maynard, un cuádruple amputado y la número 40 de Ignacio Lucero, un guía de montaña que sufrió, hace un par de años, de dos infartos y un ACV en El Himalaya y tuvo que inventarse de nuevo.

Ellos lo hicieron y, por supuesto, tampoco estuvieron solos.

Ahora, les llega el momento de la aventura a Nancy Roldán (37 años) y Agustín Guillot (25).

Sus historias son muy distintas, pero ellos se terminaron reconociéndose como muy iguales, desde sus diversidades y experiencias. A ellos, la montaña, ese lugar de todos, los unió en el desafío de superación personal y de asunción social de una problemática poco conocida: la de la apertura de los espacios naturales a personas inicialmente impedidas (por discapacidades, enfermedades, desconocimientos, temores o abulias).

Nancy

Nancy nació con una génesis femoral; tiene, digamos, una pierna considerablemente más chica que la otra y su mal es congénito. Nació así, en Tres Arroyos, Buenos Aires. Allí, hizo lo suyo a nivel deportivo: algo de vóley, algo de gimnasia deportiva: "En la escuela no me dejaban hacer deportes. Tenía que presentar certificados para poder hacerlos, no para dejar de practicarlos".

Recientemente, ya como estudiante de Guía de Turismo, tuvo su primera experiencia en áreas protegidas, al cumplir tareas como auxiliar de Guardaparques. Y, tal vez al mirar hacia arriba, se entusiasmó con un sueño: intentar hacer cumbre en el Aconcagua. 

"No he pasado de hacer algunas caminatas, nada más. Lo máximo ha sido ir hasta el Mirador de Plaza Francia (4000 metros), pero voy a dedicar este año a entrenarme, para ir en enero", inicia.

- ¿Cómo hacés para caminar?

- Tengo una prótesis especial y el tobillo intervenido para que articule como una rodilla. Así me las arreglo, porque estar quieto no el sirve a nadie.

- Y así andás, paso a paso...

- Claro, soy un poco diferente, pero si todos fuésemos iguales sería muy aburrido, ¿no?

Agustín

El caso de Agustín es distinto.

Hace tres años, en la finca familiar, él y su padre iban en un tractor y el muchacho cayó del vehículo y debieron amputarle una de sus piernas, desde abajo de la rodilla, además de soportar una fractura de fémur. Agustín venía estudiando para guía de Trekking y le faltaba poco para recibirse, por lo cual, estaba ya habituado a cotejarse en ámbitos naturales.

De hecho, la escalada en piedra es uno de sus deportes favoritos y ha subido ya cerros grosos, como La Ramada (6300 msnm), Alma Negra (6100) y El Plata (6000).

- De un día para otro, tuve que aprender a vivir como un discapacitado. Pensé que no volvería a tener una vida normal, que no iba a tener trabajo, ni novia y que iba a vivir bajo dependencia económica.

Agustín se convirtió en el primer discapacitado, digamos, severo que se recibió en la Escuela de Guías de Alta Montaña y Trekking, que depende del Instituto de Educación Física. Su coloquio final fue "Montañismo y discapacidad".

Y hasta se hizo una prótesis especial, una "pata", dice él, para seguir practicando escalada.

Ahora, él se reconoce a sí mismo y ha empezado a trabajar para reconocer a sus iguales. Y empujar para llevarlos al ámbito que todo lo iguala, la maravillosa montaña.

- El montanismo es un deporte de superación. Bueno, la vida también... Yo tuve que reinventarme después de mi accidente...

Uno más uno, miles

Así, un buen día se juntaron Nancy y Agustín. Quieren, amigos, subir el Aconcagua y necesitan que los ayudemos a intentarlo. Por caso, hagámosnos la idea de que sus prótesis cuestan unos $100.000 cada una y que quedarán destruidas para cuando bajen del cerro. 

Por eso, amigos, si quieren ayudarlos, nos piden que les escribamos a sus correos electrónicos. El de Agustín es agustinguillot@gmail.com y el de Nancy es nancy.1978@live.com. O llamando al número telefónico 156294571. 

Apoyo oficial

En tanto, desde la Dirección de Recursos Naturales Renovables, especialmente desde hace cuatro años, se llevan adelante actividades para favorecer el acceso a nuestro patrimonio natural; ahora, incluso, de mano de Pamela Salinas, se han vinculado para trabajar en conjunto con la dirección de Servicios Turísticos de la provincia, a cargo de Marcelo Reynoso. 

Una de las primeras medidas, a partir de este año, es liberar de pago de permiso de ingreso a los discapacitados, acertada medida, especialmente teniendo en cuenta que los precios se han ido por las nubes.

¿La intención de los organismos? Hacer que la montaña sea lo que debe ser: un espacio de todos. Por eso, están apoyando a estos dos aventureros que, en principio, corren con desventaja, pero el Aconcagua es sabio y los espera: llegará un momento, allá arriba, en que serán iguales que todos. Y no les quedará más remedio que mostrarse como son, hasta que, llegado un momento, deban decidir si dan un paso más hacia arriba o todos los que tengan hacia abajo.

De cualquier modo, a qué dudarlo, habrán ganado, siempre y cuando los apoyemos, los ayudemos a subir hasta donde puedan llegar.

Ulises Naranjo.