La alegría del ascenso del club Huracán Las Heras alcanzó, inclusive, a quienes son hinchas de otros equipos. El logro de un equipo mendocino se volvió un festejo contagioso, íntimo para muchos y otros, hasta lo celebraron en las redes.
Pero los propios barras del club dieron la nota negativa. Autam (Asociación Unida Transporte Automotor de Mendoza) denunció que "varios micros fueron tomados por los hinchas y desviados sus recorridos".
En un hecho delictual producido in fraganti de las fuerzas policiales, que -como acostumbran- recibieron las insólita orden de custodiar a los asaltantes.
Para la entidad gremial empresaria de los propietarios de micros, algunas unidades "fueron atacadas con destrucción de vidrios y en su interior".
Otros testigos presenciaron cómo ocho móviles de la Policía de Mendoza, con sus ocupantes fuertemente pertrechados, acompañaron el destructivo "festejo" de la hinchada lasherina, al igual que otros dos móviles de Preventores de Las Heras. De acuerdo con testigos que presenciaron los hechos en avenida San Martín y Molina, cada tanto, los barras paraban los colectivos y saqueaban a su paso, sin que los uniformados salieran de los móviles.
Una cadena de ilegalidad, a la vista de todos. Un alarde de poder a dos puntas: los que delinquen sin que la ley los alcance, y aquellos que deben hacer cumplir la ley que deciden liberar la zona, por sí o recibiendo órdenes superiores.
Un festejo de cualquiera que tenga ganas de celebrar no tiene por qué apañar la vida del resto de las personas y mucho menos transformarse en un "jubileo del delito".
La peor señal que se emite es que resulta una acción que el Estado no considera que deba ser reprimida.