Relaciones: la comunicación

La imperdible columna de la Lic. Patricia Frascali.

No podremos tener una relación si no tenemos alguna clase de comunicación. Para asegurarla compartimos un mismo lenguaje. Permítanme darles algunas definiciones de la palabra comunicar:

  • Compartir

  • Llevar conocimiento de, dar información acerca de algo.

  • Abrirse uno al otro

  • Trasmitir información, pensamientos o sentimientos de manera que sea recibido o entendido

A pesar de las anteriores definiciones, la esencia rara vez se comunica ¿Cómo logramos comunicar información que no esté distorsionada por las emociones, deseos, expectativas o anhelos?

Se supone que la comunicación en la pareja, es entre dos personas que se consideran valiosas. Primero es necesario que tú te consideres valioso y digno de consideración, si no es así, podrías empezar a comunicar apariencias, distorsiones, mentiras y juicios.

¿Comunicarse qué?

Si deseamos tener más dicha, es para nuestro propio provecho. Una de las maneras como obtengo más alegría es compartiéndola con otro. Es una paradoja viviente: “mientras más damos y entregamos, más obtenemos”.

Sin embargo, existen aquellos que parten de un paradigma distinto: “Voy a gozar a expensas tuyas” En este tipo de comunicación hay escaso valor ¿Quién quiere estar cerca de formas de comunicación que hieren?

Existen muchos tipos de vínculos, padres-hijos, esposos, novios, amigos, etc, en los cuales hay una intención igual de clara de amarse en todos ellos. Lo principal que puede disminuir esa igualdad para amar es la falta de comunicación desde la esencia, desde el corazón, desde el cuidar y compartir.

Muchos individuos y parejas se involucran en un esfuerzo comprometido consigo mismos y con sus compañeros, con el propósito manifiesto de compartir, el de aclarar los malos entendidos, y llegar a una mayor intimidad, apoyo y amor. Muchas veces esto funciona maravillosamente. Sin embargo, pueden presentarse sutiles trampas en la comunicación de sentimientos, dolor o reproches y lo que empezó como un movimiento hacia una mayor intimidad, resulta en separación y aspereza.

Algunas veces en las parejas, a pesar de estar interesados en tener una relación más cercana, existen temores. El temor es uno de los principales bloqueos hacia la verdadera comunicación.

Un ejemplo: llegaron a consulta un matrimonio con la inquietud de que a lo largo del tiempo la cercanía que existía entre ellos se había disipado. Le pregunté al hombre cuáles eran sus temores, y me contestó que le temía al compromiso. Estaba temeroso que esta relación no fuera para toda la vida. Como resultado había estado socavando y saboteando la relación. Por otra parte, la esposa compartió sus temores de que él pudiera dejarla.

Es importante destacar que ninguno de los dos habían comunicado verbalmente sus temores, pero sí tenían conciencia de sus problemas. Se debe destacar que estas situaciones se expresan de otras maneras, con conductas, con silencios. El callarse puede ser más destructivo que ser abierto y honesto.

A medida que seguimos hablando, la mujer admitió que había sido esclava de sus temores, haciéndolos más importantes que el amor a su esposo.  Cuando los temores de alguien manejan su relación, no necesariamente la otra persona haya hecho cosas para generar ese temor. Con frecuencia, la persona ha traído ese patrón de temor a la relación, basándose en un patrón familiar de miedo. Ese patrón de miedo se repite por el solo hecho de ser familiar y por lo tanto es conocido y hasta cómodo aunque sea negativo.

Si una mujer vive con la constante preocupación de que su pareja es un típico hombre quien se sentirá atraído por otras mujeres sexualmente y que actuará de acuerdo con esa atracción, entonces ella también se está colocando en una situación de ser gobernada por su temor. Lo más probable que comience a retirar la energía de esa relación.

Entonces el hombre que puede haber estado mirando a otras mujeres, pero siempre regresó a casa, a la mujer que ama, siente esta pérdida de energía y tal vez tendrá un interés mayor que sólo mirar a otras mujeres. Hasta puede sentir culpa y temor de que su mujer descubra sus intenciones.

Tampoco es de esperar que compartir las llamadas verdades diciéndose cosas negativas como “no vales lo suficiente”, “estoy harto de vos”, “pesas demasiado” etc, van a crear más intimidad. Ni el culpar al otro por los temores que siente contribuye a una positiva relación.

El verdadero compartir, desde el corazón y con integridad, no está basado en el temor o la culpa. Sólo asegúrate de no estar volcando la basura verbal o síquica en el otro y le llames a eso compartir. Compartan su amor, vulnerabilidad y sensibilidad y no hagan que sea el otro el equivocado.

En cualquier relación, especialmente en la íntima, compartan en tiempo presente, en lugar de revivir el pasado con sus interminables listas de reproches. El pasado es historia y el futuro se encargará de sí mismo.

El punto de todo esto está en que la comunicación se lleva a cabo con mucha gente, incluyéndote a ti mismo, en muchos niveles. Establece una relación contigo mismo, que permita que puedas ser honesto y poder expresarte de forma negativa o positiva, ordenada o desordenadamente, como sea. Si logras esa honestidad contigo mismo, será más fácil ser honesto con otros. Entonces te podrás comunicar desde ese lugar verdadero que existe dentro de ti y también puedes ser más paciente con otros

Lic. Patricia Frascali
Psicóloga mat 1383
Infanto-Juvenil y Familia
Ps. Salud Obesidad