Científicos logran resucitar una especie extinguida

En Zaragoza nació un bucardo, especie que desapareció al comenzar el siglo XXI. Las fotos inéditas del animal vivo. ¡Mirá el video!

Foto: Web
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Nació una criatura que pesó 2,6 kilos, en un quirófano de Zaragoza en 2003 era una capra pyrenaica pyrenaica.

Se trata de una especie clonada gracias a una de las 10 muestras genéticas extraídas de la oreja de la hembra Celia, el último ejemplar de bucardo que vivió en los Pirineos aragoneses. Apareció sin vida, aplastada por un árbol caído, el 6 de enero de 2000, un día de Reyes. El peor regalo para la biodiversidad del planeta. Porque con la muerte de Celia (el último macho había dejado este mundo en 1999), el bucardo se convertía en la primera especie animal extinguida en el siglo XXI después de milenios sobre los riscos más altos de la cordillera montañosa que separa España y Francia.

Solo quedan ejemplares embalsamados en algunos museos. Nunca olvidará la segunda estampa José Folch, al frente del equipo científico que logró devolver a la vida por vez primera en la historia a una especie extinguida.

 

Los siete magníficos que asistieron al parto de la bucarda han podido más que los científicos que en otras parte del mundo llevan años queriendo resucitar, por ejemplo, al tigre de Tasmania. O al de dientes de sable en Canadá y EEUU. O a los mamuts lanudos de la estepa siberiana. O a la moa, esa extraña ave no voladora gigante de Nueva Zelanda de la que se tiene ADN extraído de cáscaras antiguas de huevo.

En un laboratorio se había fabricado el embrión clonado de bucardo, con ADN de la difunta Celia conservado en nitrógeno líquido e implantado en óvulos de cabras híbridas.

Fueron 208 embriones, de los que 57 fueron implantados en cabras. Hubo siete embarazos, pero sólo uno llegó a término. “Los signos  de parto ocurrieron el día 162 de gestación”, dijeron los especialistas.

Recordemos que el veterinario y científico Alberto Fernández-Arias había extraído tejidos de su oreja izquierda, del flanco derecho y de su sangre, para obtener de ellos el ADN necesario y algún día poder resucitar la especie extinguida. En total, 10 muestras a 196 grados bajo cero es todo lo que queda sobre la faz de la Tierra de esta cabra.

¿Seguirán estando sanas estas semillas?, fue lo primero que se preguntaron los investigadores. Y, tras descongelarlas, todos han cantado eureka.

Sí, las células de aquellas muestras hibernadas durante 14 años, cuatro meses y seis días son viables; el frío ha mantenido intactos sus genes.

El reto, del que días atrás se hacía eco la prestigiosa revista Science, ha sido posible gracias a la contribución de la Federación de Caza Aragonesa, que ha sido generosa en la financiación del proyecto.

“Necesitamos obtener no sólo clones hembras, sino también machos, que es más difícil”, explicó Fernández-Arias a este suplemento cuando aún no se sabía si las células congeladas del bucardo serían aprovechables.

Controversias

El naturalista holandés Kees Wouteersen, afincado en Huesca y estudioso del bucardo, sostiene que clonar “es un error que nada soluciona”. Por contra, para los seguidores de la desextinción, entre los que se encuentra Fernández-Arias, “habría que intentarlo siempre”.

Y agregó: “La clonación debería decidirla un comité de expertos. Sería un asunto estrictamente de conservación. En cualquier caso, mejor es clonar que perder una especie para siempre”.

La segunda clonación del bucardo está en plena gestación.

Las hembras pesan entre 30 y 36 kilos y sus cuernos alcanzan una media de 16 a 24 centímetros. Incluso más. El biólogo Ángel Cabrera, quien definió todas las especies y subespecies, llegó a citar en sus estudios un bucardo de los Pirineos que llegó a describir unos cuernos de 102 centímetros de longitud y 26 de circunferencia

La familia al completo

De izquierda a derecha, Capra pyrenaica lusitanica (extinguida hacia 1890); Capra p. hispanica; Capra p. victoriae y Capra pyrenaica pyrenaica, bucardo, extinto en 2000.