Jorge Lanata habló con diario La Nación sobre cuestiones de diversa índole, privadas y profesionales.
Arrancó la entrevista dando una nostálgica descripción de Sara y lo que significa para él hoy en día, Sara es su compañera de años a quién se refirió como su casa, allí donde quiere quedarse. Expresó que más allá de los altibajos propios del amor ella siempre estuvo a su lado, aún en los momentos donde pensaba en la muerte.
Con una expresión de orgullo, Lanata habló de sus hijas Bárbara y Lola, dijo que al tener que cumplir con un régimen de visita de tres veces por semana el lazo fue mayor que si hubiesen convivido juntos.
“Sarandí es mi infancia, claro”. Luego vivió con su abuela y su tía. Y a los 16 años se fue a vivir solo. Jorge comentó que vivió en un clima extraño, su madre había perdido el habla y el padre era un bajón, así lo describió el periodista. “Crecí en esa casa sin muchas palabras.”
El periodista expresó que con el tiempo pudo comprender que la relación con su padre se había generado por las circunstancias que se habían llevado a cabo por la enfermedad de la madre, al entender la situación pudo estar a su lado los últimos años de vida y acompañarlo en su lecho de muerte.
“A mí no me respondían, yo ahora hago preguntas. Nunca nadie me contó que mi mamá no podía formar palabras y yo soy las palabras”. Ya a los 14 años escribía en la revista del colegio, hasta que un diario de Avellaneda comenzó a publicar sus notas, luego apareció Radio Nacional. La formación no contó con grandes libros, todo lo contrario leía las revistas que encontraba en la casa de sus abuelos, después las vendía junto con cosas que ya no tenían uso y así compraba otras revistas.
Lanata considera que quizás perdió su infancia. Se describió como un chico solitario y luego en sus trabajos trataba de no tener relaciones personales. “La amistad creció con los años”.
Página/12
“Empezamos en una oficina donde había estado Primera Plana, casualidad absoluta. Ahí trabajamos casi un año. Clausuramos el baño de mujeres para montar el laboratorio de fotografía. Fue una época increíble. Tuvimos muchísima repercusión en el exterior. En junio del 87, Libération nos dedicó una página entera, y no éramos nadie. Un día llegaron los de la municipalidad, que eran nuestros fans, y tenían que clausurarnos. Les dijimos que no saldríamos al día siguiente si lo hacían. Nos clausuraron una pared. Pasaban cosas raras, inexplicables. Una noche el pibe de la moto que transportaba las películas al taller -un servicio tercerizado- se accidentó en Pompeya, cerca de una gomería. Los tipos lo querían llevar a un hospital, pero él les pidió que no lo hicieran: tengo que llevar las películas al taller, soy de Página 12, les dijo. Nunca supe quién era. Dependíamos completamente del azar.” Así resumió Jorge Lanata, lo que ha sido una de las marcas más importantes de su carrera.
“ Me molesta esta locura del discurso agresivo permanente: el mío hacia los otros y el de los demás hacia mí. Dejé de leer todo lo que se escribe sobre mí. Miro las fotos, supongo que por vanidad. No leí el libro de Luis Majul”. Comentó Lanata a cerda de la confrontación constante que genera.
Algo que agregaría a la autobiografía es la historia de su madre, de Página y el rollo con el tiempo, como él menciona. “ Vivía rápido, vivía a mil. Tenía 30 años, había dirigido una revista, había fundado un diario, pero sentía que no había hecho nada”.
Jorge dijo que con el tiempo ha sido cada ves más Católico. Y agregó: “admiro a los hombres de fe. Me inspira respeto su coherencia. Su compromiso, también. Hay que tener coraje para llevar adelante esos valores. No es fácil vivir de acuerdo con lo que pensás. A veces estoy en situaciones en las que no quiero estar. No me siento enteramente libre. Son pocos los tipos que viven de acuerdo con sus ideas. Es difícil separar la convicción del deseo y de la necesidad. Yo no creo en un Dios que todo lo ve y castiga los pecados. Pero sí creo que hay un orden. Tengo la sensación de que, a pesar de que el mundo es lo que es, ganarán los buenos. Quizá yo sea más agnóstico que otra cosa, y ese orden no podremos conocerlo jamás”.
El periodista comentó que no le es necesario aferrarse a cosas materiales, “me desprendí de 6000 libros. Se los di a los wichis. Y de la colección de Página. ¿Para qué la necesito? Página está en mí. No me apego a las cosas. No hay ningún objeto que pueda cambiarme la vida”.
Obviamente el tema más controversial, la Ley de Medios, no podía estar ausente, a este respecto dijo: "Encantadora por inaplicable", "Confunde creación de medios con creación de audiencia por decreto. Está hecha por gente que tiene una idea paranoica de los medios y que subestima al público, personas que creen que el público es manipulable. Ellos proyectan su idea estalinista de los medios: creen que son unívocos, que no son contradictorios. Creí en la buena voluntad del Gobierno cuando la presentaron. Me equivoqué. Sólo les importaba la pelea con Clarín. Hoy es tan vieja como aquel libro de Ariel Dorfman, Para leer al Pato Donald ; el pato no era un agente de la CIA, estaba dibujado por un tipo que respondía a la cultura y los valores de la época y de su país."