No hablaré de política. Todos conocen mis simpatías.
No hablaré de peronistas o radicales, ni de izquierdas o derechas.
Aunque hoy hable de políticas culturales.
Si hay algo coherente y homogéneo en TODO el espectro partidario de nuestro país, es la irresponsable ignorancia del acontecer artístico.
Hablaré de Mendoza, lugar donde nací y al que con frecuencia visito. A veces pienso que los políticos mendocinos creen que lo importante en el acontecer cultural es inaugurar grandes edificios, donde un día cortan una cinta y pronuncian discursos espumosos.
Las personas, los tipos que pintan, dibujan, escriben, hacen música, teatro, danza o cine no existen, no tienen peso ni importancia. Son prescindibles.
Anoche asistí a la función del concierto de Ligia Amadio. Como siempre extraordinaria, Ligia, quien me honra con su amistad, anoche se despidió de su público, dolida por el maltrato de la ministra de cultura Lic. Marizúl Ibáñez.
Probablemente, la señora Marizúl Ibáñez, ocupada en sus múltiples funciones, ignore entre otras cosas, quién es Ligia Amadio. Tal vez la sra. ministra desconozca que Ligia Amadio, nacida en San Paulo (Brasil), es una de las más destacadas directoras sudamericanas de la actualidad. Distinguida internacionalmente.
Su actuación ha sido apreciada en Alemania, Francia, Italia, Holanda, Portugal, Japón, EEUU, Cuba, Venezuela, y podría seguir enumerando.
Galardonada en el mundo con importantísimos premios.
Hace ya casi 20 años Ligia Amadio viene a Mendoza. Acá encontró amigos y admiradores que la hospedan en su cuore. Acá invirtió Ligia generosamente su talento, dirigiendo la orquesta sinfónica de la Uncuyo y desde 2010 dirige la Orquesta Filarmónica de Mendoza, la cual, bajo su batuta, fue transformándose y creciendo de manera notable.
A Ligia le debemos la visita de Bruno Gelber, Aníbal Vinelli, Alexander Panizza y tantos más que pudimos disfrutar en el teatro Independencia.
Inopinadamente, la ministra de Cultura, Lic. Marizúl Ibáñez, decide prescindir de esta artista que tanto nos dio, y de manera solapada, amparándose en trámites burocráticos, no le renuevan el contrato.
Soy testigo de todos los esfuerzos que Ligia hizo y hace por nuestro acervo cultural, viviendo modestamente, trabajando con pasión y sin límites, cuando la escuchaba anoche decir sus palabras cargadas de emoción no pude dejar de pensar eso que tan bien expresa la canción: “Tristeza não tem fim”.
Luis Scafati