Vendimia 2014: Sólo el aplauso fácil importa

El autor critica con dureza la puesta artística de la Fiesta Nacional de la Vendimia, que anoche tuvo su última repetición.

Foto: Nacho Gaffuri/MDZ
Foto: Nacho Gaffuri/MDZ

La gente aplaudió de pie y eso es lo que importa.

No importa que el texto (libreto) haya sido una glosa de  fiesta de la escuela primaria, repleta de lugares comunes, sin ningún encanto ni ilación, absolutamente en las antípodas de la belleza, el buen gusto y la poesía (tendrían que leer alguna vez los textos Abelardo Vázquez, por ejemplo). Ni la falta de compromiso en el relato de la locutora… (¡Cómo se extrañó la emotividad de Rafael Rodríguez!)

No importa tampoco que la coreografía sólo apeló a amontonamientos, sin conservar líneas ni diagonales. Que fue carente de creatividad con una sucesión de danzas de aplauso fácil, llegando a inaceptables mezclas de bailarines contemporáneos con sus atuendos modernos junto a los clásicos guachos. Todo sin nada de delicadeza y buen gusto. En general, cada uno bailaba para sí mismo y abusando del recurso del ballet acuático con ingredientes de dudoso erotismo.

Importa menos esa necesidad de patriotismo explícito con tres versiones de San Martín pidiendo a la gente (previamente puesta de pie por orden del libreto) que gritara ¡Viva la Patria! con el fondo de la Marcha de San Lorenzo. Así de fácil. Ganar la emoción de manera artística es tarea de los verdaderamente talentos. No se trata de pedir aplausos, como aquellos pseudo-artistas que se hacen los sordos para que la gente grite.

Menos importó una utilería elemental, sin diseño, incluyendo la burda carroza que llevaba a la Virgen de la Carrodilla montada sobre un cuatriciclo. O un esperpento que remedaba una góndola veneciana: tres palos pintados como chupetines con tres bailarines que naufragaron en los 30 centímetros del laguito.

Ni siquiera importó a casi nadie la presencia de actores -limitados como siempre a roles insignificantes-  patéticos tratando de poner una dosis de humor al corretear borrachos (una mala imagen para nuestro vino) por el escenario junto a una mujer de grandes caderas.

No fue de importancia, tampoco, el uso hasta el hartazgo de costosos recursos tecnológicos para suplir la falta de creatividad.

Pero lo que lamentablemente no le importó  a los responsables fue la ausencia del motivo de nuestra querida fiesta: el vino. Olímpicamente dejado de lado, su presencia en la fiesta se limita tanto, como la imaginación de los encargados  artísticos para representar todo lo que se ha logrado en las últimas décadas gracias al buen vino. Se olvidan que  sus exitosos hacedores, (bodegueros, enólogos, agrónomos, como la figura de don Raúl de la Mota, otro buen ejemplo) son los que han logrado consolidar nuestra vitivinicultura en el mundo y darle un sitio de prestigio a nuestra Mendoza.

Si importó, la excelente música en vivo.

Pero si la gente aplaude y se divierte ¿Para qué cambiar algo?