La jueza Ontiveros cuenta su versión

Se accidentó en 2001 y quedó incapacitada de por vida en un 60%. Pelea desde hace años una indemnización por el accidente en un caso controvertido que ganó los medios varias veces. Ahora la Corte le dio la razón pero redujo sensiblemente el monto de la compensación.

Foto: MDZ
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“Stella… ¿Me firmás estos cheques?”

Esas fueron las últimas palabras que escuchó la jueza Stella Maris Ontiveros en su despacho el 12 de agosto de 2001, antes de darse vuelta a firmar y enredarse en una suerte de “periscopio” de cables y tomas de corriente habituales en edificios públicos. Aquella lesión le ocasionó una enfermedad grave e incurable, aunque tratable: Distrofia Simpática Severa, o Síndrome de Sudek. Se trata de un mal que ha ido atrofiando huesos y músculos, ocasionando la discapacidad que ahora sufre pero que no le impide trabajar.

En una entrevista con MDZ, cuenta la historia desde aquel día de agosto de 2001.

-¿Qué pasó después del accidente?
-El accidente me produjo un “Síndrome de Sudek” y mis huesos adquirieron la fragilidad del cristal por una osteoporosis consecuente. Así lo dijo un perito en el expediente, así lo aceptaron los jueces y de hecho tiempo después sufrí fracturas en un hombro y en la cadera. Inicié una demanda a la ART Prevención, a la coaseguradora Sancor y al gobierno de la provincia de manera solidaria, y la causa ahora espera resolución definitiva en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En el curso del proceso todos reconocieron la sucesión de hechos, las lesiones, incluso las responsabilidades, pero aún así este juicio lleva ya diez años de trámites más los dos años posteriores al accidente. Ahora está en la Corte nacional.

-Se dijo de usted que era la “jueza del millón de dólares” o que no trabajaba…
-Ambas aseveraciones son falsas. No he renunciado y de hecho concurro a mi trabajo habitualmente. Es lo único que puedo hacer… he perdido mi calidad de vida… no puedo desarrollar ninguna actividad de la vida cotidiana sin ayuda. Antes del accidente en agosto de 2001 llevaba una vida profesional, familiar, social y además deportiva intensa y ahora he quedado reducida a estar sentada y trasladarme dificultosamente con un andador. Las licencias que tomé, y ello consta en el expediente del juicio, fueron las que dispone para estos casos la ley 24557 de Riesgos del Trabajo, y las que ordenó la propia Suprema Corte de Justicia a través de una carta documento que consta en la causa. Es cierto que pasé períodos sin trabajar, pero fue por la lesión y los tratamientos y ajustada a la ley. Por otro lado, no he cobrado ni un peso a causa de este juicio. El reclamo inicial que hice fue por poco más de un millón de pesos, pero la Cámara Laboral fijó la suma de 4,6 millones de pesos luego de todos estos años. La Suprema Corte de Mendoza rebajó la indemnización a poco más de 700 mil pesos y todos apelamos. Pero insisto en que no he cobrado nada de este juicio. Lo inicié para recibir las compensaciones y reintegros de mis gastos de salud, casi dos años después del accidente y antes de que prescribiese la causa. Hubo quienes dijeron que “la jueza no trabaja por un dolor de rodilla”. Tengo las radiografías a disposición para comprender la profundidad de las lesiones. Tengo mi pierna derecha desde la cadera hasta el tobillo repleta de clavos y prótesis.

-¿Cómo llegó la Cámara Laboral al fallo que le dio la razón a usted?
-Se consultaron testimonios, peritos que fueron sorteados, documentación médica abundante. Uno de los peritos sorteados que me revisó en agosto de 2011, diez años después del accidente, concluyó que “permanecía el síndrome de Sudek” y que tenía “manifestaciones locales y pérdida de minerales” afectando los huesos, propias de esta enfermedad. Esta pericia acompañada de material abundante concluyó que la enfermedad que sufro se había transformado en crónica. También la pericia certificó que la distrofia simpática refleja que tengo es consecuencia de aquel accidente, lo que además generó las condiciones para las fracturas que sufrí después en la cadera y el hombro. Todo esto, está probado y aceptado por los jueces y por la Corte. Los argumentos de la ART fueron rebatidos en aquel fallo. Prevención decía en sus presentaciones que yo había tropezado con mi escritorio y no con los cables, y que había tomado decisiones médicas por fuera de la ART. El fallo no les dio la razón, y dio por certificado que el accidente ocurrió según mi relato, verificado además por la Fiscalía de Estado y por la propia ART al reconocer la contingencia. El fallo abunda en estas consideraciones y termina fijando la suma de 4,6 millones de pesos de indemnización. La decisión de la Cámara Laboral fue apelada por el gobierno, Prevención y Sancor, y por lo tanto le llegó el turno a la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.

-¿Y después?
-La decisión de la Corte tardó menos tiempo y tiene un puñado de fojas. Básicamente, me dieron la razón casi en todo, respecto de los hechos y del desarrollo de mi enfermedad; menos en un punto: redujeron el monto de la indemnización de los 4,6 millones de pesos de la Cámara Laboral, a 718.000 pesos. Y los condenados son Prevención ART y el gobierno de Mendoza. Por supuesto, este fallo también fue apelado pero por todos, yo también lo hice. Los jueces de la Corte consideraron que el fallo de la Cámara Laboral no se ajustó a los perjuicios reales que sufrí.

-¿Cómo va a seguir esto ahora?
-Yo quiero que se diga la verdad del caso. No es cierto que yo haya sido una jueza que no trabajó. Lo hice en la medida de mis posibilidades. La Oficina de Inspección Judicial nos premió por la productividad el año pasado. Mi trabajo y mi salud son ocupaciones de tiempo completo. Pagar mis gastos me consumió incluso una casa. Eso también está en el expediente. Lo que quiero es que se haga justicia y no ser discriminada. Confío en el fallo que hará la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La jueza Stella Maris Ontiveros, con su asistente Yolanda.

Las lesiones en la pierna, la cadera y el hombro.