Reflexionemos juntos

Una oración laica por la Mendoza que nunca debimos dejar de ser. Un compromiso de pensar en dónde estamos y cuál es nuestra misión en una provincia que supo ser sinónimo de esfuerzo y resiliencia. Un disparador para una jornada introspectiva, en una fecha que sirve para marcar "antes y después" desde lo más profundo de cada uno.

En este feriado de Navidad, importante para los cristianos y que representa un día de descanso del ajetreo diario para todos, desde MDZ nos sentimos movidos a requerir al interior de cada uno de nuestros lectores el ejercicio de la reflexión. Un pensamiento que involucra a nuestro ser, identidad y espíritu.

No es pretensión inducir, señalar o definir determinados conceptos, sino expresar ideas disparadoras para aquellos que lo sientan o crean necesario, nos acompañen en la reflexión y nos trasladen las suyas.

Desde que MDZ nació, la gran preocupación ha sido (y sigue siéndolo) el presente y el futuro de muestra Mendoza. Y esto es así porque desde hace años, demasiados ya, percibimos una sensación de conformismo devaluado en la medida social de la mayoría de los comprovincianos. 

Es como que nos vamos acostumbrando a cosas que no tienen nada que ver con el espíritu histórico mendocino.

Hoy notamos que las principales bases de una comunidad pujante no laten ni demandan. Para ejemplificarlo, sirve navegar por los asuntos centrales que hoy nos mantienen preocupados.

Somos nosotros quienes hemos posibilitado que la inseguridad nos arrincone y nos ponga detrás de las rejas. Frente a ello, no demandamos con ideas, reclamos ni denuncias que haya un accionar presente efectivo y a tiempo de las fuerzas de seguridad y también de la Justicia. Preferimos no denunciar, total, "es una pérdida de tiempo" y "no se llega a ningún lugar".

Es por ello que ante la proximidad electoral, resultaría absurdo que estemos pasivos frente a la lista sábana: que nos expliquen clara, concisa y profesionalmente todos los candidatos cómo nos van a garantizar la vida diaria, cómo nos van a dar seguridad. Sin rodeos, frases hechas ni excusas.

Sería bueno saber quiénes son todos los candidatos y por qué cada una de las candidaturas; cómo van a mejorar nuestra insegura vida diaria.

Otro tanto sucede en las escuelas y con nuestros propios hijos. Sin educación moderna, inclusiva y evaluadora no hay posibilidades de dignidad ni base de mejora personal. 

Pero preferimos la comodidad de dejar y buscar a nuestros hijos diariamente y de culpar a los docentes si hay malas notas, al compromiso diario de interesarse en el aprendizaje, de la calidad y profundidad de la enseñanza y de su evaluación.

De los maestros debemos ser colaboradores y también auditores: maestros comprometidos, bien remunerados, capacitados y evaluados, son el reaseguro de capacitación inicial para los niños mendocinos. 

Es importante que digamos "no" al facilismo, la justificación permanente a las conductas no correctas de nuestros hijos. 

Pidamos calidad en la enseñanza, evaluación continua de nuestros hijos, maestros con permanencia y vocación; escuelas con tecnología e instrumentos para enseñar; modernas y para todos.

Ciudadanos mendocinos con espíritu critico y compromiso permanente: no nos dejemos abatir por la realidad que nos supera, sino desde cada lugar de nuestras vidas aportemos ideas, participación. Exijamos a los agentes estatales accionar diligente y servicio público hacia toda la comunidad. Que no nos venza la realidad pesada.

Necesitamos un Estado útil y nosotros no somos ajenos a él.

Pero para conseguirlo no alcanza con criticar, agraviar o esconderse en el número. El resultado de esta práctica desidiosa ha sido una Mendoza detenida, sin fuego creativo de cada uno de los mendocinos que apuesta y se acostumbra a la derrota.

Hablemos, participemos, discutamos, aportemos con ideas y disensos.

Exaltemos o premiemos la eficacia, la eficiencia, el compromiso. Despreciemos la indiferencia, la comodidad, el dejar hacer sin intervenir.

Mendoza no siempre estuvo así. Los mendocinos tampoco hemos sido siempre igual de indolentes frente a las adversidades. Todo lo contrario: la resiliencia fue una "marca" mendocina ante el mundo.

Recordemos y honremos el espíritu de nuestros antepasados. El Gral. San Martín como símbolo, los inmigrantes emprendedores, la aparente locura de gobernantes visionarios capaces de levantar parques sobre desierto.

Volvamos a ser mendocinos de esa Mendoza que nos enorgullecía y seamos parte activa desde nuestro lugar individual.

¡Feliz Navidad!