Malabares en la calle y en la vida

"No nos quieren dar trabajo por esta cara o el color de piel", dice Maximiliano Díaz, quien decidió enfrentar la vida con malabares y sonrisas en los portones del Parque y la Terminal.

Maximiliano Díaz, de 27 años, es un malabarista callejero. Vestido de payaso con un sombrero, medias de colores rayadas y una camisa con los parches de "Gokú", Patricio rey y sus redonditos de ricota y el escudo de River Plate, todos los días sale de su casa ubicada en el asentamiento Rodeo de la Cruz para llegar a las 8 de la mañana a los portones del parque y empezar el día laboral.


Luego de alegrar los semáforos de Av. Boulogne Sur Mer y Emilio Civit, Maxi arriba a la Termina para lanzar sus pelotitas de tenis al aire y sacar sonrisas a cambio de monedas, en las calles Alberdi y Bandera de los Andes de 16 a 21, frente a la terminal.


"Laburo de esto porque no me queda otra, quiero terminar este año la secundaria y dedicarme a la cocina, eso es lo que me gusta", comentó a MDZ y agregó: "Si bien disfruto lo que hago, porque hago divertir a los chicos, quiero superarme, ser alguien".



"No nos quieren dar trabajo por esta cara o el color de piel. Siendo payaso puedo saludar y sonreirle a la gente, y ellos responden de la misma forma".


El joven malabarista reflexionó: "La calle es dura, pero hay personas en situación peor y nadie debería estar en la calle. Yo agradezco lo poco que tengo, hay que aprovechar lo pequeño".


Con respecto a la ayuda del Estado, Maxi disparó: "No recibo ayuda, salvo cuando voy a pedir nylon para tapar el techo de la casa".