A la hora de jurar amor eterno a una persona los protagonistas por lo general se preguntan: ¿Estoy obligado a estar siempre con la misma persona? ¿No voy a poder experimentar nunca más el vértigo y la emoción de estar con alguien por primera vez? ¿Jamás conoceré otros cuerpos, ni otras formas de entender el sexo distinto a los de mi compañero/a actual?
Si el “hasta que la muerte nos separe” se cumpliría a raja tabla a muchos le quedan, con esta filosofía, años de aburrimiento por delante. O de mentiras con cenas de trabajo hasta la medianoche, viajes de negocios y deportes más inverosímiles para conseguir tener libres los viernes o sábados por la noche.
De inmediato llegan los reclamos, el drama, las culpas, se habla todo lo que no se hablado durante años hasta llegar a la ruptura de las relaciones. Entonces todo vuelve a empezar otra vez, de boliche en boliche, pesca por redes sociales hasta que encontramos de nuevo el amor único y exclusivo. Este es el modelo de relación de pareja cada vez impera más en nuestra cultura, pero muchos no están conformes y buscan otros diseños más audaces.
Según el diario El País de España, algunos ciudadanos aplican esta experiencia en sus vidas. Como es el caso de Mario de 48 años.
Está en pareja desde hace más de 10 años y viven juntos en Madrid. Es decir, tanto él como su compañera pueden tener sexo con otras personas de forma esporádica o periódica sin que eso afecte a sus vidas ni a su sexualidad, que sigue existiendo como siempre.
“Para mí está claro que hay diferentes tipos de temperamentos”, dice Mario, “personas a las que les gusta estar siempre con la misma pareja, se sienten bien así, no necesitan novedad e incluso les gusta la rutina y otros que son todo lo contario. Yo soy de estos últimos y he tenido la suerte de encontrar una compañera a la que le pasa lo mismo. Esto es una gran ventaja porque no hay que mentir e inventarse cosas para tener otras aventuras. La mayoría piensa que si uno es así debe renunciar a las relaciones estables. ¿Por qué? ¿Dónde está escrito eso? Tal vez si te dedicas a engañar a tu mujer no sea muy honesto, pero no es mi caso. Los dos tenemos la misma libertad de acción”.
¿Cuándo empezaron las relaciones abiertas?
La apertura en las relaciones de pareja siempre existió pero se popularizó recién en los años 70. Así se vio en la película “La tormenta de hielo (1997)”, que relata la llegada de la liberación sexual a los barrios residenciales y cómo las acomodadas y típicas familias norteamericanas se animan al intercambio de parejas participando en el juego de las llaves: los hombres dejaban sus llaveros en un gran recipiente, las mujeres las agarraban al azar y debían acostarse con el propietario de los mismos.
Camila de Cornualles, esposa de Carlos, príncipe de Gales: durante su primer matrimonio con Andrew Parker Bowles, y tras la llegada de sus dos hijos, ambos decidieron tener una relación más abierta, en la que los escarceos estaban extraoficialmente permitidos y lo único que se exigía era respeto y buenos modales.
Las aventuras de esta pareja eran sumamente conocidas. Dicen que un día un colega le sugirió al marido: “Si estás en palacio y ves al príncipe de Gales por los prismáticos retozando con tu mujer no presentes ninguna queja”. Siempre he mantenido que a Camila no se le ha reconocido todavía su mérito a la hora de romper con dos tópicos universales de un plumazo: ni las queridas, ni las que tienen relaciones abiertas acaban siempre en el arroyo.
“El sexo es un punto muy delicado en las relaciones humanas”, cuenta Ana de Calle, sexóloga, terapeuta de pareja y escritora. “ Y evidentemente nadie opta por este tipo de pareja cuando tiene 20 años, acaba de conocer a alguien y está profundamente enamorado. Los que lo hacen son personas ya más maduras, que se aburren o que tienen falta de deseo, es decir, que necesitan, como mínimo, un soplo de aire fresco. Puede haber también una cierta homosexualidad disfrazada y no asumida y lo que he notado es que lo normal es que sea el hombre el que proponga primero este tipo de relación, aunque también empieza a haber mujeres. Lo que está claro es que si se hace para tapar algún problema no resuelto, este seguirá y puede que la pareja rompa, pero la modalidad ortodoxa tampoco asegura su éxito al 100%”.
La crisis de matrimonios, los divorcios hacen buscar algunas alternativas para que no se terminen “tan pronto” pero eso no asegura el “jamás”.
Una de las principales causas de las rupturas es la infidelidad. Es probable que este riesgo se incremente si la pareja es más liberal. Todo puede ocurrir, se trata más bien de lo que uno este dispuesto a ganar o perder.
“Siempre se habla de los peligros de este tipo de relaciones, que duran menos, de la posibilidad de que alguien se enamore de otro, pero ese handicap existe siempre”, cuenta Mario, “lo único importante es aprender a manejar un poco los sentimientos.
Y además confesó: “¡Claro que se sienten celos a veces! Uno no es de piedra, pero vivir pensando que tu mujer te la está metiendo con otro o te puede dejar en cualquier momento tampoco es muy agradable. Lo único que se necesita para que esto no acabe mal es complicidad. Algunos establecen muchas normas: prohibido engancharse, prohibido ciertas prácticas sexuales, prohibido tener más encuentros que el otro… Yo no soy partidario de tantas reglas porque entonces volvemos al modelo tradicional”.
Así como cada familia tiene su modelo de formación y sus valores establecidos, las relaciones amorosas también los tienen.
Poligamia, matrimonio en grupo, poliandria –una mujer que convive con varios hombres– o el poliamor, tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados.
¿Cuál es la opción más real y duradera?