Un día decidí "googlear" mi nombre y me llevé una gran sorpresa. Me encontré con seis mujeres que se llamaban igual que yo. Intrigada decidí investigar qué edad tenían y donde vivían. Por suerte, todas son españolas. Digo por suerte porque muchas veces tener un homónimo en la misma ciudad puede ser complicado.
La problemática de que haya dos personas que se llamen igual la noté con una de mis hermanas. María se llama ella. Un día le llegó una orden judicial por un hecho que no había cometido, pero que sí había realizado otra María Gallardo. Así, mi hermana se vio en la obligación de ir a la Justicia, presentar su DNI y decir "yo no fui".
La mujer de la imagen es la Andrea Bonelli
mendocina. Excelente bailaora.
¿Cuántas veces nos habremos topado con alguien que se llama exactamente igual que un famoso? Tal vez para éstos el problema sea menor y las gastadas mayores. Un ejemplo de ello es el sexólogo mendocino José Luis Rodríguez, quien en más de una oportunidad bromea con el Puma Rodríguez. Famosos como Matías Martín, Andrea Bonelli y Diego Torres tienen homónimos en la provincia.
Pero los casos más significativos son los de aquellos que son desconocidos y de repente se ven metidos en algún inconveniente. Por ejemplo, Juan Tello se encontró un día con el mail de un joven que le reclamaba su paternidad. El hombre no entendía nada y se preocupó por los problemas que podría traerle con su mujer. Sin embargo, todo se aclaró rápidamente, el supuesto hijo tenía 20 años y él 32. "Imaginate cuando recibí el mail se me congeló la sangre. No entendía nada y sólo pensaba en el quilombo que se me iba a armar con mi mujer. Intercambiando mails con mi supuesto hijo llegamos a la conclusión de que era imposible que fuera descendiente mío ya que a los 12 años casi nadie es padre", recordó el hombre.
Llamarse iguales y tener la misma profesión
Pablo Rodríguez es un actor mendocino radicado en Buenos Aires y compartió con MDZ Online su experiencia: "La verdad es que no conozco a los otros Pablo Rodríguez que hay en Mendoza. Sé positivamente que no somos parientes y no me ha perjudicado ni beneficiado el hecho de llamarme igual que ellos. La única vez que tuve un episodio relevante fue el que dio origen que comenzara a utilizar mi segundo apellido, el materno: Albi. Lo hice porque los Pablo Rodríguez somos un montón, pero sobre todo porque hay uno con el que comparto profesión", expresó.
Y párrafo seguido agregó: "Fue, en 2006, el primer año que vine a Buenos Aires becado por el INT para estudiar con Norman Briski. Ese año lo dediqué no sólo a estudiar sino también a conocer un poco el medio. Comencé a hacer castings de publicidad y en el quinto casting que hice quedé elegido para una publicidad de colchones Piero. Para mí fue toda una experiencia, recién llegado a Buenos Aires y protagonizando una publicidad. El tema fue que nunca entró el pago a mi nombre, se lo depositaron a Pablo Rodríguez, modelo y actor porteño. Él, se dio cuenta que tenía un dinero a su nombre de una publicidad que no había hecho, llamo a la Asociación Argentina de Actores y aclaró el tema. Pidió mi numero de celular, me llamó y me dijo: '¿Hola, hablo con Pablo Rodríguez?'. 'Sí', le dije... '¿Sabés quién habla...? Pablo Rodríguez!'. Nos reímos un rato, me contó el episodio, me dijo que había devuelto el dinero y que ya lo podía pasar a cobrar, le agradecí enormemente el gesto y su honestidad. A partir de ello mi nombre es Pablo Rodríguez Albi, en todo lo referente a mi profesión artística".
No son dos son cuatro
Otro ejemplo es el caso de dos Eliana Henríquez. Una es maestra jardinera y la otra diseñadora de remeras. Ambas no se conocen entre sí ni sus vidas se cruzaron un segundo pero cada una tuvo problemas con otras mujeres que se llamaban igual.
"Yo estudiaba inglés en Filosofía y había otra Eliana Henríquez estudiando lo mismo, pero nunca la conocí personalmente. Sí tuve demoras y trastornos con el boletín porque mezclaban datos. La beneficiada hubiera sido yo, porque ella estaba más adelantada. La diferencia es que ella se llama Eliana de las Nieves", contó la joven.
Mientras que la docente advirtió que ella estudió inglés en un instituto conocido de Mendoza y muchas veces le acreditaron la cuota a la otra. “Eliana Lorena era su nombre. Le pagué un par de cuotas”, dijo la mujer.
Una historia similar es la de Patricia Pérez, de Guaymallén, "yo soy docente y en mi curso éramos seis Patricia. Dos teníamos el mismo apellido y el resto no. El único problema que había era cuando nos presentábamos a rendir. Siempre nos cambiaban el número de documento. Así que decidimos que yo iba a inscribirme con mis dos nombres y mis dos apellidos".
Anécdotas como éstas deben haber muchas. Si te pasó algo parecido, contanos... Esperamos tu historia.