La ola de secuestros virtuales está creciendo de manera indiscriminada en Mendoza, la modalidad que comenzó con llamados donde se solicitaban a las victimas cargas de tarjetas para celulares, ahora va más allá y al parecer son grupos organizados que hasta manejan cuentas bancarias, donde les piden a los familiares de los “secuestrados”, depositar el dinero a cambio de la recompensa.
Los secuestro virtuales son actos delictivo por medio del cual un delincuente, a través de un llamado telefónico en el que dice tener secuestrada a una persona, trata de obtener dinero o cosas de valor (códigos de tarjetas telefónicas, pagos de servicios, por ejemplo) por parte de un familiar y/o conocido de la persona presuntamente secuestrada.
En general, esta práctica se inicia con una llamada telefónica –puede ser a un celular o a un teléfono fijo– y comunican que “ha ocurrido un accidente de tránsito y que una de las víctimas tenía entre sus pertenencias el número al que está llamando”; que “lo deben llevar al hospital y necesitan sus datos” o que “ha ingresado de urgencia a un hospital y necesitan corroborar sus datos”. Quienes llaman pueden identificarse como personal policial o del hospital, en alguno de los casos. En otro de los casos, lo que hacen es simplemente averiguar el nombre de uno de los miembros de la familia y luego llamar al domicilio y decir que este está secuestrado y que a cambio quieren un motín de dinero.
Aprovechando la preocupación y la desesperación que generan este tipo de llamadas, intentan obtener más datos sobre la familia o los bienes personales de quien ha atendido el teléfono. En otros casos, quien llama puede poseer ya esa información y la utiliza para hacer más creíble su relato.
Luego, quien llama suele decir directamente que se trata de un secuestro y solicita un rescate. En ocasiones es posible que corten y vuelvan a llamar; sobre todo cuando llamaron en primer lugar a un teléfono fijo. Asimismo, algunas veces suelen hacer hablar a una persona que se hace pasar por el familiar o conocido presuntamente secuestrado y que solicita ayuda llorando.
Qué hacer en estos casos
Según el especialista en seguridad, Luis Vicat, la mejor forma de prevenir un supuesto secuestro, desorientando al secuestrador y hacer pisar en palito en su propia mentira.
Para esto, lo ideal es responder a sus preguntas con otras preguntas. Por ejemplo:
–¿Está Rosa?
–¿Qué Rosa?
O si le dicen que tienen a su hijo, preguntar por otro nombre diferente al real, con lo que quedará patentizado el intento de engaño.
Para Vicat: “Es importante tratar de ubicar telefónicamente a sus familiares y conocidos, y pedir ayuda para poder hallar a las posibles víctimas en el menor tiempo posible”.
Asimismo, el especialista advierte que lo mejor es, “Nunca tratar de prolongar una conversación, ni se dirija en términos ofensivos hacia su interlocutor, porque lo más probable es que termine dando datos que, aunque no sean identificativos, permitan conocer su temperamento. Además, nunca puede saber quién proveyó su número ni si el delincuente tiene contactos o poder fuera de la cárcel en caso de querer vengarse”.
Directamente trate de cortar la comunicación cuantas veces sea llamado.
Vicat explica que “El pedido de claves de tarjetas telefónicas es realizado mayoritariamente por detenidos en cárceles, responde al hecho de que las mismas se usan para seguir cometiendo el delito o se usan como moneda alternativa dentro del penal”.
Por lo tanto aconseja que, en caso de haber suministrado claves de tarjetas telefónicas, no las deseche ni las destruya, aunque el presunto secuestrador insista especialmente en ello. Para realizar la llamada hay que marcar un número gratuito de la empresa proveedora del servicio; a continuación el número secreto que aparece en la tarjeta, y después el número de teléfono al que quiere llamar. La tarjeta en sí no sirve para nada, sólo se usa el número secreto. Muchas veces se le informa a la víctima que está siendo vigilada, sobre todo en el caso que esté usando un celular y por ello elimina las tarjetas sin copiar los números de clave.
Además aclara Vicat, que es importante tener en cuenta que “nunca, y bajo ningún concepto, acepte una clave telefónica que no sea por medio de una tarjeta en perfecto estado, ya que las informadas de cualquier otra manera seguramente provienen de un ilícito, circunstancia ésta que no sólo permite completar el delito, sino que lo puede convertir a usted en un partícipe necesario, con las consecuencias penales que ello implica.
Es importante prestar mucha atención, - si tiene identificador con más razón- a las llamadas de cobro revertido o las que provengan de un establecimiento penitenciario, aun en el caso de conocer a alguien de su entorno que se encuentre privado de libertad, porque eso no lo inmuniza contra esta clase de delitos.
Además de este tipo de secuestros en la provincia, las bandas de virtuales van más allá, no solo que realizan el sistema de extorción a través de llamados telefónicos, sino que en vez de pedir tarjetas con cargas para celulares, piden importantes sumas de dinero para que sean depositadas en cuentas bancarias de sucursales cercanas al domicilio de la víctima. En los casos que se han podido identificar por la policía algunas de las cuentas provienen de la provincia de Córdoba.
Testimonios
Hace apenas unas días a Ernesto, un hombre de 50 años que vive en una linda y tranquila zona de la Ciudad de Mendoza. El domingo 24 decidió salir a dar una vuelta junto su mujer, su hijo Fabricio de 13 años, quedó solo en casa, ya que como la salida de sus padres era de día y no por largo tiempo, les pareció razonable.
Estando todos los miembros de la familia separados en ese momento. El teléfono de la casa sonó cerca de las 18:40, y Fabricio –que tenía la orden de no dejar entrar -nunca- a nadie a casa- atendió la llamada.
En ese momento al niño los asustaron diciendo -Hola… ¿está tu mamá? Soy el oficial Fúnez de la Policía Antisecuestros de Capital y necesito hablar con ella…-
Fabricio dudó pero como la voz del llamado parecía muy formal y educada; y el estando nervioso por lo que decían de su mamá, comenzó a darle información a los mal vivientes, hasta que explicó que se encontraba solo.
El “policía” le dijo que estuviese tranquilo, pero que su papá o sus papás habían sido sujetos de un secuestro, y que tenía que seguir al pie de la letra cada una de las instrucciones para evitar riesgos de vida de ambos. Fabricio temblaba pero obedeció. El falso policía antisecuestros le pidió que no cortase la comunicación, pero que desde su celular se comunicase con otro número, donde un oficial a cargo del caso le iba a dar más instrucciones. Fabricio lo hizo, y así los delincuentes bloquearon los dos números de la casa. Es un método usual. Los distraen en una línea para que nadie se pueda comunicar, y les hacen llamar a un número de celular que proporcionan los mismos delincuentes (…)
A la par que los malvivientes, sacaban información al menor sobre cómo era la casa por dentro; la mamá del niño llamó a casa para ver si estaba todo en orden, pero era imposible establecer el contacto.
Ya teniendo todos los datos, los delincuentes llamaron a Ernesto e hicieron algo similar pero poniendo como víctima a su hijo. Le dijeron “Quedate bien tranquilo. No pasa nada. Estamos en tu casa con tu hijo pero si no hacés lo que te decimos, lo vamos a matar…”
A la par mantenían al hijo, entretenido diciéndole las mismas cosas de los padres pero como “policías”.
Hasta que en un momento le dijeron: “Dice tu papá que subas a la habitación de tu hermano. En el placard al lado de la ventana hay una caja forrada de azul. Adentro en un sobre de papel madera hay un dinero. Sacalo y llevalo a la esquina de tal y cual, a unas ocho cuadras de tu casa, y lo dejás en el contenedor...
El chico siguió las instrucciones. En todo momento estuvo comunicado y los secuestradores virtuales le hicieron saber que lo estaban mirando.
Luego de eso les informaron a los padres que tenían el dinero y cuando llegaron a casa y contaron cómo había sido la situación se dieron cuenta que habían caído en una gran trampa, por lo que se dirigieron a la comisaria e hicieron la denuncia.
Otro caso similar le sucedió a una anciana jubilada fue engañada por una banda de delincuentes y pagó 15.000 pesos de rescate por el secuestro virtual de uno de sus hijos, que no había estado en cautiverio, en la ciudad cordobesa de Carlos Paz.
La mujer, de 78 años, recibió una serie de llamados en los que personas no identificadas le aseguraban que tenían secuestrado a su hijo de 51 años, por lo que en medio de la desesperación accedió a pagar el rescate en la madrugada del sábado 9 de noviembre.
Pero no siempre las cosas terminan bien.
Facundo Azulay tenía 35 años y murió de un balazo en la cabeza el jueves 9 de febrero de 2005. Fue víctima del primer secuestro virtual que termina en homicidio.
El hombre, quien era despachante de aduana, estaba en su oficina del barrio porteño de San Telmo cuando recibió un llamado en el que le avisaban que habían secuestrado a un pariente.
Ante ello aceptó pagar el rescate y fue hasta una villa conocida como Las Antenas, del partido de La Matanza, donde terminó siendo capturado por la banda, que exigió un pago de diez mil pesos por su liberación.
Para pedir el rescate llamaron a su socio, al que citaron en la zona del bajo Flores. Cuando éste llegó también fue llevado como rehén, siendo liberado posteriormente.
Algo salió mal y el despachante recibió un tiro en la cabeza. Falleció poco después.
Horas más tarde se supo que el secuestro virtual había sido ideado y dirigido desde la cárcel de Ezeiza por un interno, que contó con la colaboración de un grupo de cómplices.
Otra muerte ocasionada por secuestros virtuales, se registró en marzo de 2007, un hombre de 73 años murió de un paro cardíaco en su casa de la localidad de Quilmes, luego de haber recibido un llamado extorsivo en el que le exigieron dinero para liberar a su hijo, el que presuntamente había sido secuestrado. La víctima fue Gregorio Meczkalo, quien vivía en la calle Martín Rodríguez al 2200, donde fue hallado por su hijo, que nunca había sido raptado.
Ante el llamado, el hombre se asustó. El hijo de la víctima aseguró que, según le contaron vecinos, los falsos secuestradores habían pedido por él unos 5.000 pesos.
El hombre pudo averiguar que su padre recibió un llamado entre las 10:30 y las 11 horas del viernes y ante el susto de lo que acontecía el hombre falleció.
Antes este o cualquier tipo de secuestro virtual, la División Antisecuestros de la policía Federal Argentina, advierte que “no hay que dar ningún tipo de información, tratar de responderle a todo con un sí , como dándole la confianza de temor a los delincuentes y luego de eso informar inmediatamente a la policía”.
Según la fuente solo el 1% de estos casos termina en muerte.
Origen de los secuestros
Este tipo de delitos comenzó en cárceles norteamericanas y luego se extendió hacia estos lares. Su herramienta básica es el teléfono. Se producen a diario por centenares, pero muchos no son denunciados por las víctimas, en parte por la vergüenza de haber sido engañados.
A veces llaman a un número al azar y manifiestan que tienen secuestrado a un familiar y que, por el momento, no pueden decirle quién es.
Otra forma es llamar y decir que están con una persona en un hospital que sufrió un accidente y que tenía ese número de teléfono. Luego solicitan el nombre de un miembro de su familia y cuando tienen los datos le dicen que en realidad lo tienen secuestrado.
Una variante más peligrosa es cometida por varios delincuentes y cuando ya tienen información previa sobre la persona. Se comunican con la víctima llamándola por su nombre, le manifiestan quién es el familiar secuestrado, y le solicitan claves de tarjetas telefónicas o la entrega de dinero en un lugar preciso. Las llamadas de este tipo se realizan preferentemente en horas del mediodía, o primeras horas de la tarde, durante los días de semana, pero se incrementan muy especialmente los viernes y sábados por la noche, días en que muchos jóvenes concurren a bailar o al cine, lugares donde es difícil que sus padres puedan ubicarlos.
Ante una llamada de estas características no hay que perder la calma y se debe procurar no aportar información que podría ser utilizada por los delincuentes.
Los casos de secuestros virtuales, en la actualidad son muy llevados a cabo en países como México, Colombia y Brasil.