La intervención quirúrgica que se le realizará a la presidenta ha sido practicada en cientos de personas desde hace más de doscientos años y en su totalidad los pacientes ha quedado bien y en condiciones de hacer una vida normal. La intervención consiste en extraer los hematomas subdurales, ubicados en las membranas meníngeas. Los neurólogos la consideran una operación sencilla con una duración de no más de 90 minutos.
Por lo general, la cirugía consiste en practicar una o dos pequeñas perforaciones en el cráneo, de cinco a siete milímetros cada una, por las cuales que se introduce una cánula (parecida a una manguera chica), que permitirá drenar el líquido acumulado y extraerlo. Si hubiera una pérdida sanguínea, se procederá a cauterizar la zona y drenar.
"La duración y la peligrosidad de la intervención dependerán del tamaño del hematoma".
Según el doctor Pedro Lylyk, director del Instituto Médico Eneri: "La técnica que se empleará hoy para operar a la Presidenta está muy reglada y es relativamente sencilla, de las de menos complejidad en el área de la neurocirugía”
El médico citado, explicó que el procedimiento se realiza con anestesia total y dura entre una hora y una hora y media.
"En personas muy mayores, puede optarse por la anestesia local para evitar agregar riesgos; en los adultos sanos, hoy día las técnicas de sedación son tan seguras que uno está mejor dormido que despierto", dice Salvat, que viene realizando este tipo de operación desde hace casi 50 años.
En una opción, el cirujano, acompañado por dos ayudantes, un instrumentador y un anestesista, se ocupa de hacer uno o dos orificios de trépano, de entre cinco y siete milímetros de diámetro, para perforar la duramadre, y luego coloca una sonda de drenaje elástica que permite instilar y aspirar.
"Instila suero y automáticamente salen suero y desechos del hematoma", detalla Lylyk.
Si el hematoma es grande, hay que optar por una "plaqueta": se realizan cuatro orificios de trépano y se traza una comunicación entre ellos para extraer una porción de hueso cuadrangular o rectangular de unos cuatro por cinco centímetros de lado.
"El problema de los hematomas es que comprimen el cerebro. En ocasiones -describe Salvat-, el hematoma puede encapsularse y, si uno hace lo que hacían los mayas, a veces el cerebro no vuelve a expandirse y hay que reoperar. Entonces hay que hacer una craneotomía, sacar las cápsulas (visceral y parietal) para que se reexpanda."
Una vez drenada la zona y resuelto el problema, se pueden volver a insertar los mismos "chips" que se extraen durante la incisión y se sutura el cuero cabelludo.
Como en otras cirugías, el riesgo de infección está entre el 5 y el 7%.
"Durante el posopoeratorio es importante que el enfermo esté bien hidratado todo el tiempo, para «ganarle la pulseada a la hemorragia» -dice Lylyk-. En general, se deja un drenaje durante las primeras 24 horas después de la operación. Hay de dos tipos: unos provocan una succión espontánea de lo que queda del líquido y otros aumentan la presión para completar la salida. Luego se retira y cicatriza espontáneamente.
Según los especialistas, como medida preventiva la paciente deberá pasar el primer día del posoperatorio en terapia intensiva, y el reposo debe ser absoluto durante las siguientes 72 horas. "Después se podrá movilizar, pero sin realizar esfuerzos físicos -dice Lylyk-. A los siete o diez días, se le sacan los puntos y tiene que seguir con cierto reposo para evitar recidivas."
Salvat, por su parte, comenta que a sus pacientes a los tres o cuatro días los hace caminar; y que les permite volver al trabajo entre dos y tres semanas más tarde.
"De las cirugías del cerebro, es la de menor riesgo", explica.
Algo que muchos se preguntan es si no hubiera sido preferible operar más precozmente.
"La Presidenta se golpeó hace dos meses -analiza Salvat-. Ahora los médicos se encuentran con un hematoma y tienen un dilema: ¿era más grande antes y se está achicando, o era más chico hace dos meses y se está agrandando? Normalmente, cuando los hematomas son chicos, se reabsorben solos en un enorme porcentaje de los casos. Entonces, hay que dejarlos. Pero en este caso el médico se encuentra con una persona asintomática y se pregunta "¿qué hago?". Primero controla, pero empiezan los síntomas y hay que cambiar la vía de acción."
"Acá, claramente, había dos caminos: uno de observación y otro quirúrgico -dice Lylyk-. Uno puede esperar si el cuadro clínico del paciente no es progresivo. Muchas veces, uno les dice a los pacientes que pueden operarse y no quieren, sobre todo cuando están bien. Luego, cuando aparecen los síntomas, se movilizan. Es una especulación, pero a lo mejor la indicación de la cirugía ya estaba el sábado, pero la Presidenta prefirió esperar."
Según indican los comunicados del equipo médico que atiende a la Presidenta en la Fundación Favaloro, la conducta de los profesionales fue iniciar un control con monitoreo estricto de imágenes cerebrales para evaluar la evolución del hematoma. Informó LaNación.
La aparición de hormigueo y menor fuerza muscular en el brazo izquierdo los llevó a revisar el rumbo y optar por una intervención programada para evitar lesiones de mayor trascendencia, una posibilidad que ya se había decidido al realizar el diagnóstico. Por ahora, queda pendiente averiguar la causa de la arritmia.