Más de un millón de personas está sin agua en Mendoza por la tormenta de anoche en la montaña, que provocó una fuerte crecida del río Blanco. Las aguas bajan turbias y las plantas potabilizadoras quedan inutilizadas. Por eso hubo que cerrar las compuertas.
Con instalaciones para la Mendoza de hace 50 años, cada vez que hay una contingencia climática tomamos conciencia de la falta de inversión y de las pésimas gestiones públicas y privadas. Los primeros por fundir las empresas del Estado y los segundos por no invertir.
Ya hace más de un año que Luis Böhm está al frente de Aysam, y aun necesitan unos 300 millones de dólares para que la empresa esté operativa a la medida de Mendoza. Ya sea con plata de de organismos internacionales, como a través de financiamiento nacional con el ENHOSA (Ente Hídrico de Obras y Saneamiento).
Con temperaturas máximas por encima de los 30 grados, nos vamos a pasar días africanos por la falta de agua. En ese marco, a Böhm le toca gestionar una empresa pública deficitaria incluso en calidad del servicio, por una añeja falta de inversión y por la poca responsabilidad de los gobiernos -peronistas y radicales- que no dieron aumentos tarifarios por hacer demagogia de los servicios públicos baratos.
En 1988 la antigua Obras Sanitarias Mendoza estatal inició el proceso de compra de medidores, para el cobro del servicio de acuerdo al uso que daba cada usuario. Veinticinco años después, la empresa fue privatizada, fundida, y estatizada otra vez. No hay aún cobro volumétrico y el desperdicio de agua por malas instalaciones y agua barata es enorme.
El resultado de tantos años de desaciertos está a la vista, y en las canillas secas. Hay que aguantar, y juntar en baldes.