Arrancó la primavera… qué lindo. Qué lindo el primer día de primavera con todos esos adolescentes invadiendo los espacios públicos, ya sean
plazas o parque, ya sean micros o troles, en todos lados hay adolescentes con esas carcajadas que te dejan sordo. Empezó la primavera, qué maravilla. Qué maravilla para el ochenta por ciento de los que vivimos acá y que somos alérgicos, con los malditos plátanos que hay en toda la ciudad y que largan esa pelusa que se te mete hasta en el calzoncillo y te hacen estornudar desde que te levantás hasta que te acostás.
Y también están las siestas, que te amodorran y no podés hacer nada porque tenés que seguir laburando, entonces salís a dar una vuelta para despejarte y volvés a descubrir, como todos los años, que todas, todas, todas las mujeres están mucho mejor que durante el invierno y el otoño pasados. Y redescubrís lo que es una minifalda y una calza ajustada y unas piernas en las que te dan ganas de perderte. Y no podés hacer nada. O no te dejan. Y entonces llegás a la conclusión de que tu esposa también puede que está mucho mejor ante los ojos de los demás hombres hambrientos de esta ciudad, y rogás que ella no tenga la misma temperatura sanguínea que te cargás vos, porque si no empezás a suponer que el vecino de al lado, el sodero o el verdulero le están arrastrando el ala y te la querés cortar.
Y ni hablar de que a la mañana salís abrigado, porque las mañanas de primavera son fresquitas, ¿viste?, y al mediodía no sabés qué mierda
hacer con el saco o la campera que te echaste encima al salir de tu casa.
También está lo de la panza, porque con cada ciclo el diámetro ha ido en aumento, entonces la remera esa que tenías para ponerte de diario
con la torre de Pisa que te trajeron de Italia parece que tuviera el dibujo de una pizza, en consonancia con la redondez de tu zapán. Así que hay que salir a comprar ropa, exactamente lo mismo que pensó tu esposa, y lo mismo que pensaron tus hijos e hijas adolescentes, además de que a los crios más chicos también hay que comprarles ropa, porque nada de lo del año pasado les anda.
Y no falta el negocio que ya empieza a hablar de las vacaciones o las fiestas de fin de año, incluyendo a Crónica que larga con las insoportables placas de “Faltan 80 días para el verano” y tenés ganas de mandarlos a cagar, porque tus hijos se llevan ocho materias y ya te ves clavado en febrero estudiando con ellos, y es entonces cuando te preguntás para qué carajos les pagaste un año de estudios si los muy…adolescentes no abrieron un libro ni a piñas. Empezó la primavera. ¡Qué maravilla!
¡Me cago en la primavera!
Primavera, esa gran estupidez
Los plátanos te hacen estornudar, redescubrís las minifaldas, tu panza se incrementó, tenés que comprarle ropa a toda la familia, tus hijos se llevan materias previas, Crónica empieza a anunciar el verano... ¡Me cago en la primavera!