Mameluco azul, lentes negros, concentración absoluta. Esa es la primera imagen de Ailín Rutchle (21), mecánica aeronática, que revisa con celo y precisión que todo funcione correctamente antes que el piloto se suba al Pampa.
Ailín en plena tarea. Dijo que la concentración es básica.
Cuando termina su tarea, Ailín habla con pasión de su profesión, la que aprendió de su padre y su hermano. Describe cada pieza, brinda características del Pampa y enumera sus tareas con una precisión asombrosa, aunque para alguien que desconoce de mecánica y mucho más de aviones, es como si hablara en chino.
Cuando escucha esta afirmación, Ailín suelta una carcajada y promete una explicación más simple. Dice que lo primordial es preparar el avión, que el piloto vea que todo está en condiciones, que puede salir a volar. Una vez que aterriza, le preguntan al piloto si hay alguna novedad -es decir si detectó alguna anomalía- y vuelve a revisar el Pampa, para que pueda salir nuevamente.
Cuando terminó la secundaria, en la que tenía la modalidad de Ciencias Sociales, esta joven que vive en la comuna de Capital junto a su familia, decidió seguir los pasos de su padre y se inscribió en la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, en Córdoba.
Cada elemento del avión es analizado por los pilotos y los mecánicos.
Ailín dice que lo más importante de su tarea, además del conocimiento, es la concentración, porque un descuido podría causar problemas al piloto.
Aunque ya es mecánica aeronáutica, se está especializando en instrumental, una tarea específica.
La mendocina ya está acostumbrada a trabajar entre hombres y comentó que es un poco raro decirle a la gente que es mecánica de aviones, pero ella es un apasionada de lo que hace.
Para Ailín la clave del éxito es el trabajo en equipo. Y esto se entienda ya que al Pampa lo revisan especialistas en hidráulica, en estructura, en instrumental, en motores, en asiento eyectable.
“Todos trabajamos en conjunto, si uno no está, todo se desestabiliza”, aseguró la joven.