Una coima de película

Un funcionario se quiere pasar de vivo y pretende coimear a un ingeniero, pero no cuenta con que este es más poderoso de lo que parece y que su estrategia para llenarse de guita hace agua por todos lados. Una historia que te atrapará hasta el final, porque puede ser la de tu pueblo. Con deslumbrantes actuaciones de un trío que se las trae. Próximamente, en el cine de tu barrio.

Foto: MDZ
Foto: MDZ

– ¿Vas para el centro? –le pregunto antes de que cruce la puerta de cristal, sabiendo que va para el centro.

– Sí, ¿te llevo? –me dice inocentemente.

– Dale.

– ¿De after office? –me pregunta cuando ya estamos sentados en el auto.

– No, un café con los muchachos nomás, como para no perder la costumbre. ¿Venís?

– Hoy no. Mañana me prendo, porque le prometí a la Negra llegar temprano, así cenamos y los acostamos a los pibes para poder terminar de ver una película que empezamos a ver anoche.

– ¿Estaba buena?

– Buenísima. Lo que pasa es que estábamos cansados, así que la dejamos grabando. La enganchamos en el canal del INCAA. Capaz que la conocés, Quebrar los silencios se llama.

– Me suena… Es del año de la escarapela, ¿no?

– De los 80, me parece. Trabajan Luppi, Dumont, Miguel Ángel Solá… Resulta que en un pueblo perdido allá entre las montañas empiezan a construir un casino…

– ¿Un casino en el medio de un pueblo en la montaña? ¿A quién se le ocurre? Eso pasa sólo en las películas.

– Qué se yo. Es la trama, yo no escribí el guión.

– Bueno, ¿y?

– Bueno, la cosa es que Luppi es el ingeniero al que contratan para construir el casino. Todo bien, lo construye, los vecinos chochos, todos pensando en ir a gastar la guita ahí... Pero la cosa es que, a una semana de la inauguración, aparece Dumont, que es el chabón de la municipalidad que le tiene que poner el gancho a la habilitación, y le dice a Luppi que el intendente le manda a decir que si no se pone con guita, el casino no se abre.

– Uff, la típica historia de intendentes corruptos y todo eso…

– Pero esperá que te cuente, que ahí es cuando se pone interesante. Resulta que Dumont le dice a Luppi…

– ¿No tenían nombre los personajes?

– Sí, pero no me acuerdo. Bueno, Dumont le dice a Luppi que se tiene que poner con cien lucas verdes si quiere abrir el casino...

– Pará, pará. ¿No me dijiste que Luppi era el ingeniero que construye? Si le vas a pedir una coima a alguien, no es al ingeniero exactamente.

– Es que la cosa es que Dumont es un pinche, no tiene posibilidades de llegar a los dueños, que vaya a saber dónde viven, en Buenos Aires, qué sé yo. El pinche este ve la veta y quiere coimear al que tiene cerca, al que puede acceder. Entonces, ¿qué hace Luppi?

– Le da una paliza, le pega unos tiros, lo pone en la vía del tren…

– No. Llama al intendente. Porque lo que Dumont no sabía era que Luppi tenía acceso directo al intendente, que es Solá.

– Y ahí se arma la gorda…

– Ahí se arma la gorda, porque resulta que Solá no tenía ni idea de que el otro lo iba a querer coimear a Luppi. Aparte, imaginate, Luppi tampoco era un nene de pecho, también tenía sus cositas, así que va y le dice a Solá cómo me hacés esto, gil, sabés que si muevo un dedo podés perder todo, y Solá lo corta en seco y le dice que le explique de qué está hablando, porque no entiende nada. Entonces Luppi le cuenta lo de la coima y Solá le dice que él no mandó a pedir nada, que es todo idea de Dumont…

– Y lo agarran y le dan una paliza, le pegan unos tiros, lo ponen en la vía del tren…

– No, porque resulta que Dumont es un pelele pero tiene el respaldo de la gente del partido de Solá, entonces no lo pueden echar, así que sólo lo cambian de función, lo mandan a una oficina qué sé yo, de inspección de aves…

– Después logran abrir el casino y todos felices…

– ¿Ves por qué sos periodistas y no guionista? Ahí recién empieza el despelote, porque Dumont, cuando se la ve venir, redacta un informe en el que dice que el casino no se puede habilitar, así que se va tranquilo a su oficinita nueva, porque no consiguió la guita pero les cagó la apertura hasta vaya a saber cuándo, porque tienen que ocupar el cargo, revisar todo de nuevo y mil trámites más.

– ¿Y después?

– Ahí la pusimos a grabar y nos fuimos a dormir.

– Me enganchás con la película y me dejás con la pica.

– Mañana te cuento cómo termina.

– Dale, pero te adelanto que a alguno le van a dar una paliza, le van a pegar unos tiros y lo van a poner en la vía del tren… Dejame acá en la esquina.

– Nos vemos, viejo. Mañana nos tomamos un café y te termino de contar la película.

– Hecho. Gracias por ahorrarme la caminata.

– Chau.

– Hasta mañana.
 
Interior del auto. Cuando el vehículo comienza a andar, el plano se cierra sobre el car stereo y lentamente se distingue un objeto extraño que se descubre que es un micrófono. El plano se sigue cerrando hasta penetrar en el micrófono. Viaje a través de redes eléctricas, sensación de vértigo, de velocidad de la luz.

Interior. Primerísimo primer plano de un auricular. El plano se abre y se ve que al auricular lo tiene puesto un hombre. El plano se sigue abriendo hasta abarcar toda la escena. El hombre se quita los auriculares, enciende un cigarrillo, da una pitada rápida y toma el tubo del teléfono que tiene al lado del equipo de espionaje que está sobre la mesa. Marca un número, espera un instante y dice:

– ¿Jefe? Tenemos un problema...

Fundido en negro.

Fin.

Alejandro Frias