Breve historia de un héroe y su legado

¿Qué se necesita para convertirse en héroe? En San Carlos, para Gerardo Castillo, basta con un galpón, una palestra y un puñado de amigos dispuestos a cambiar el mundo que los rodea. Si tenés unos minutos, pará la máquina y conocé una historia que cualquiera podría llevar a cabo.

Decime qué estás haciendo, camino al despeñadero que al fin y al cabo es la vida. Decime, por ejemplo, de qué modo has devuelto aquello que te fue dado, en el nacimiento y sus milagros y también después, ya en la tranza, en el cuerpo a cuerpo de tener que vivir.

Si acaso esas preguntas resultaran de difícil respuesta, vayamos a esta otra: decime qué hiciste de memorable, digamos, hasta este momento.

Y digamos que memorables vendrían a ser esas cosas por las que alguien te recordará, esas que tendría en cuenta San Pedro, si acaso existiese el paraíso.

Esto ya se ha dicho hasta el hartazgo, pero insistamos: héroes son aquellos que realizan un viaje y que vuelven de él con una respuesta para su pueblo.

Esta es la historia de un héroe, Gerardo Castillo. El, a su tiempo, se respondió debidamente las preguntas.


El viaje


Gerardo hizo lo suyo: nació y creció en San Carlos y supo que a este lugar todo le debe.

La vida lo llevó a subir montañas y las subió: excelente guía de montaña, hizo decenas de cumbres en el Aconcagua y alguna también en el temible, casi mítico, Himalaya.

Gerardo tuvo su empresa también y se pasó la mitad del año en el Hemisferio Sur y la otra mitad en el Norte y cobró en dólares y hasta salvó vidas en sus montañeras aventuras (este escriba lo asegura, pues estuvo con él, por caso, cuando rescató a dos gringos del pecho mismo de un perdido glaciar, allá en las caras más inexploradas del Aconcagua).

Gerardo hizo todo lo que hizo, pero ahora le llegó el momento de cerrar su viaje, al menos por un tiempo, y volver a su punto de inicio, con una respuesta para su pueblo. Conozcámosla.


Don Andrés


Digamos ya mismo que, de todas las personas del universo mundo, es probable que las más bellas vivan en San Carlos. Por eso, no ha de sorprender especialmente que la idea de Gerardo cobrara vuelo.

Andrés García y Gerardo Castillo, en el club.

Se trata de esto: montar una escuela de escalada en un galpón abandonado del ferrocarril, en plena villa miseria sancarlina y, a partir de esto, generar distintos proyectos sociales con niños y jóvenes del departamento.

Ahora, a poco de comenzar, Gerardo y sus amigos ya tienen más de cincuenta niños haciendo actividades deportivas y también apoyo escolar.

Una más: como la escuela debía tener un nombre, él y los suyos eligieron el nombre del sancarlino Andrés García, uno de los hombres que han hecho mucho por el ahora generalizado amor a las actividades de montaña en Mendoza. Don Andrés supo ser un gran escalador e incluso subir por primera vez distintos cerros de la cordillera sancarlina. Ahora, héroe también, al fin, le llegó el turno del homenaje y vivirá para vivirlo.


La escala


No es tipo de muchas palabras el amigo Gerardo Castillo. Cuenta esta gran obra, como si no fuera grande. Dice que con su mujer, Nenu, también escaladora, cordobesa y artista plástica, decidieron afincarse, construir una casa de quincha y adobe, fabricar equipos de montaña, comprarse un viejo automóvil e iniciar un proyecto social.

Lentamente, el Club Andino San Carlos fue tomando forma: el galpón fue limpiado y la palestra, con muchísimo trabajo encima, fue erigida, repleta de hermosos dibujos. Lentamente, también, los niños de la villa se fueron acercando y ahora varios de ellos se montan en la palestra y sueñan con subir el Aconcagua o terminar la primaria.

¿Es poco o es mucho? Es suficiente para empezar. Imaginemos lo que sería el mundo con más tipos como él, gente que, después de su viaje, volviera para devolver. No habría pared imposible de escalar. Y no sería tan cruel la escala social.



Ulises Naranjo.