Horacio González y Malvinas: ahora la causa es continental

El director de la Biblioteca Nacional, integrante también de Carta Abierta se explaya sobre la negociación por las islas. "Lo que ha contribuido al reclamo hasta el momento es la latinoamericanización de la cuestión Malvinas", sostiene González.

Foto: MDZ
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Actual director de la Biblioteca Nacional e integrante de Carta Abierta, Horacio González es una voz autorizada para analizar la situación actual de Malvinas y los caminos que la Argentina ha tomado para reclamar la incorporación de las islas al territorio nacional por la vía pacífica.

A la hora de pensar el reclamo internacional sobre la soberanía, son incontables las líneas de discusión que se abren, de manera que se tornan inasibles de buenas a primeras. Por eso, MDZ Online se comunicó con González, quien ofreció una aproximación a la cuestión Malvinas en la actualidad y su importancia para Latinoamérica y el mundo.

- ¿Cómo ve la situación respecto de Malvinas que se ha planteado a partir del reclamo actual de la Argentina?

- Creo que hay un encuadre de la cuestión histórico-política de parte del gobierno argentino que me parece adecuado, una fuerte acción diplomática latinoamericana, una protesta enfocada por la militarización del Atlántico sur, un reclamo ambiental en relación a la explotación de los recursos naturales, y todo eso fundado en las ostensibles razones que tiene la Republica Argentina para pensar las islas Malvinas como parte del territorio. Ahora, esta no es ni una cuestión fácil ni una cuestión que deje de tener fuertes alternativas presentes y futuras en la discusión en los organismos internacionales, donde hay que dar debate. Para eso, la argumentación argentina ha crecido mucho en este tiempo, una argumentación histórica del siglo XVIII en adelante. Nosotros ahora en la Biblioteca Nacional estamos haciendo una exposición con toda la documentación española y argentina en relación a Malvinas, y surge muy claramente que hubo un gobierno español y después un gobierno argentino sobre esas islas que fueron tomadas. Esas son las razones históricas, y hay una documentación que a mi juicio se plasma de manera muy profunda y consistente en el libro de Paul Groussac de 1897, que incluye los importantes documentos de la expedición de Bougainville, que fue la de la ocupación francesa, y que desde el punto de vista histórico no dejan la menor duda. Ahora, es un tema que tiene una actualidad que es imposible desconocer en relación con la población de las islas, una población antigua, o mejor dicho, una pequeña porción de esa población es antigua, pero la discusión sobre la población no deja de ser intrincada, y se ha dado en medios intelectuales, en este tiempo, la discusión en relación al estatuto de esa población. En ese sentido, es necesario agregar, para que no queden dudas, que la Argentina tiene también bien fundada la argumentación en torno a que no puede ser una población autodeterminada, porque es una población, aunque antigua en algunos casos, que proviene de la incorporación de las islas por la violencia. Más allá de eso, se abren cuestiones antropológicas, idiomáticas, devocionales, porque es una población anglicana, y eso supone imaginar una población que en relación a la Argentina debe tener actitudes que nosotros también debemos procurar que existan, en un marco de negociación de diálogo de comprensión de sus argumentos actuales. Sin embargo, es una población que tiene derechos y que los va a seguir teniendo en la hipótesis de la incorporación de las islas a la vida Argentina. Ninguna de estas cosas deja de ser complejísima, exige no sólo el argumento histórico, diplomático, político, territorial y geopolítico, sino que también exige una especie de destreza o delicadeza cultural.

- A propósito de los habitantes de las islas, y en un contexto internacional en el que se pide claramente que se termine con los imperialismos, ¿Argentina debería poner el mayor foco en ellos?

- No lo creo. Por más que resulte duro decirlo, evidentemente, la población, por razones conocidas, como la guerra de los 80, tiene un permanente frente de acción en Londres, con un fuerte lobby vinculado al Parlamento inglés, y por esa vía prefiere las negociaciones, por lo tanto, el ámbito de esas negociaciones son internacionales, como la acción de convencimiento hacia el gobierno inglés y también todos los intentos de diálogo con la población. Yo no creo que la población no tenga nada que ver, pero dejar librado el tema a la opinión de la población no es lo que corresponde históricamente. Ahora, todo esto supone también una discusión con la población que hay que hacer con franqueza, con la comprensión de su situación, pero hoy es complejo decir la población de las Malvinas, porque está compuesta mitad por civiles y mitad por miembros de una poderosísima base militar de la NATO, de modo que eso también introduce una variable nueva en la discusión, y todos hubiéramos deseado que la situación actual estuviese en el nivel en el que estaba en los años 60 o 70, antes de la guerra, cuando había contactos periódicos, había una línea de aviación argentina que iba a las islas, maestras argentinas, y sería deseable que el diálogo produzca nuevas situaciones de ese tipo. Los términos de la incorporación deberán ser  motivo de negociación profunda, con base histórica y con base en la economía mundial, porque es una zona muy rica en petróleo y pesca y a nadie se le oculta que eso, evidentemente, hace a las razones de militarización sobre las islas, de modo que eso exige un plan internacional de debate con Inglaterra, con las demás naciones europeas, en Naciones Unidas, con los comités de descolonización, y eso supone una discusión de tal envergadura que va a cambiar totalmente la historia nacional en el caso de la incorporación de las islas. La argentina sigue trabajando para munirse de los mejores argumentos, y tiene que trabajar internamente también ese momento fundamental de la historia que va a ser la incorporación de las islas, un momento que no sabemos cómo será, que no tiene una imagen muy clara en el presente, pero que en algún momento puede avizorarse como bastante cercano. Pero tiene que ocurrir en medio de nuevos tratos económicos mundiales y en una escena de paz, pero no puede ocurrir en desmedro de la actual población, que es sujeto de derecho, lo que no quiere decir que sea sujeto de una autodeterminación autoatribuida.

- Sin embargo, en algún momento desde las islas hablaron de autodeteminación.

- Es una posición que Gran Bretaña no aceptaría. Es una posición extrema que, además, es históricamente falsa, porque el origen de la presencia de esa población, aunque hay una pequeña parte antigua y, como ellos dicen, hay parte más antigua que la población inmigratoria argentina, sin embargo, es producto de una expoliación. Son conocidos los acontecimientos que hacen que en la década en que se ocupan las Malvinas es la década de la Guerra del Opio, de la ocupación de la India, de la acción de la armada inglesa en todo el mundo, y esa época aún no terminó. Sería bueno que el siglo XXI fuera la época en la que ese tipo de colonialismo cese en su acción, y al mismo tiempo es un replanteo fuerte a escala de la humanidad en relación a los poderes mundiales, qué tipo de poderes mundiales van a regir la economía, por eso Malvinas es una pieza clave para repensar el propio flujo económico de los sistemas de dominación mundial, y ahí la responsabilidad que le cabe a la Argentina, ni siquiera digo a la Cancillería argentina, sino a todos los argentinos, la de repensar y hacer planteos originales sobre la posible incorporación de Malvinas.

- Malvinas siempre toca profundamente a la población, pero se pasa del fanatismo a la indiferencia, ¿cuál debería ser el camino diplomático para que esto no fluctúe en esos extremos?

- No puede ser un camino de fanatismo ni de indiferencia. Existe la diplomacia justamente para tratar, en momentos de paz y de serenidad, los intereses que están en juego y exponer siempre el mejor argumento. La diplomacia no se basa en razones de fuerza, aunque tiene que tener en cuenta las formas en que se expresan las políticas hegemónicas. De todas maneras, frente a eso, es una discusión interna de la Argentina. Si bien hay coincidencias básicas respecto de que las Malvinas están unidas al itinerario histórico de la Argentina y son argentinas, el estilo con que cada grupo cultural lo expresa no es el mismo. Por suerte no hay ningún estilo guerrerista hoy que exprese esto, pero lo hubo en los 80, y buena parte de la población lo acompañó. Al mismo tiempo, hay otras personas que por temor a recaer en hipótesis de guerra esgrimen posiciones de ultraliberalismo que prácticamente dejan muy allanado el camino de la posición foreign office, el lobby de Malvinas en Londres. No digo que quieran que las Malvinas sean inglesas, no me parece pertinente esa acusación a nadie, pero muchas personas, por temor a recaer en hipótesis bélicas, sin caer en la indiferencia, tienen posiciones que creo que no contribuyen a este gran acontecimiento que sería una inclusión de las Malvinas. E incluso la palabra que está en juego es recuperación o unión del destino territorial histórico de las islas con el del continente, hay muchas formas de decirlo que suponen sendas discusiones y que deben hacerse apartando tanto la hipótesis bélica como la indiferencia. Malvinas es un tema que hace a la profundización de la democracia en argentina.

- A partir de esta revisión del sistema económico internacional al que se refería recién, el desplazamiento del eje económico desde Europa y Estados Unidos hacia Oriente o hacia Latinoamérica, ¿contribuye a la negociación?

- Bueno, lo que ha contribuido hasta el momento es la latinoamericanización de la cuestión Malvinas. Eso motivó una nueva actitud de Uruguay, Perú, que siempre la han tenido, pero ahora ha sido con actos muy específicos, y creo que eso va a originar una situación con Malvinas diferente. Son argentinas, pero también pertenecen al espacio latinoamericano. Visto en el gran cuadro mundial, se hace más fácil pensar las Malvinas argentinas y latinoamericanas, visto como una reclamación histórica de Argentina a Gran Bretaña y nada más, se pierde un poco la significación que tiene de incorporarlas a un nuevo modelo de relaciones económicas, comerciales, históricas, culturales entre Latinoamérica y Europa, y por qué no pensando en Asia también, y en la Antártida. Son todos temas que hoy es my difícil conversarlos con información plena, sólo unos pocos especialistas pueden avizorar el destino de la Antártida, que ojalá también sea un destino de territorio compartido por la humanidad y, al mismo tiempo, con pertinencia de países como los acuerdos sobre la Antártida lo indican, pero todo eso está para ser discutido, por eso lo pongo en la escala de dilemas de carácter histórico-políticos universales. Es Malvinas, es Antártida, es las riquezas del océano. Es decir, de algún modo, un nuevo régimen político democrático, con nuevas formas racionales y de respeto ambiental, nuevas formas económicas que deben presidir toda la acción sobre Malvinas. Argentina lo ha expresado así y ha avanzado mucho, y eso está en el discurso de la presidenta, está en los documentos de la Cancillería, en la mayoría de los artículos que se hacen sobre el tema, está en las exposiciones que se están haciendo, y cuento la de la Biblioteca Nacional como una de ellas.

- ¿Contribuiría al reclamo argentino que España tuviera una actitud más fuerte sobre Gibraltar?

- Contribuiría. Lo que ocurre es que entiendo que hay documentos firmados en relación a que las islas Malvinas forman también de la alianza europea, por lo tanto eso deja a España, que es parte de la alianza europea, un poco inhabilitada, incluso para el reclamo en Gibraltar, pero de todas maneras últimamente lo ha hecho, de modo que sí ayudaría mucho, porque la lógica de la ocupación de Gibraltar es la misma de la ocupación de Malvinas.

Alejandro Frias, @FriasAle