Los primeros aparecieron sin que nadie los notara; las ciudades ofrecen tantas preocupaciones diarias que uno no los nota, salvo que tenga un especial interés en ellos, o hasta que, por casualidad, se sentó en ese asiento del colectivo que favorece la visión.
De a poco fueron poblando las paredes, los carteles, los postes. De a poco fueron entrando en los ojos y en la memoria inmediata de muchos, hasta que hoy más de uno, al escuchar el apellido Ayala, esboza una sonrisa y en los rincones de su mente dibuja, línea a línea, con los trazos característicos del aerosol, un resplandeciente "Ayala puto".
No hay fechas. Quién iba a fijarse en esos detalles, quién iba a suponer que el autor de tan simple insulto podría llegar a tanto. Sólo fue a fines de los 80, tal vez principios de los 90. Un detalle.
Varias teorías intentaron explicar el fenómeno "Ayala puto", una de ellas decía que el tal Ayala se había quedado con guita de un famoso club godoicruceño, pero la especulación que más fuerza tomó fue la de que el autor de las pintadas, llamémosle X, fue expropiado de su novia por Ayala. Es decir, Ayala le cagó la mina a X.
El encarnizamiento de X en demostrar su odio por Ayala lo llevó a no cesar en su cometido hasta que, aparentemente, su peyorativa leyenda ocupara todos y cada uno de los rincones que Ayala frecuentaba.
Así, un avisado observador, siguiendo el rastro de sangre hecho letra que dejaba X, podía deducir que:
- Ayala trabajaba o estudiaba en el centro.
- Ayala vivía en Godoy Cruz, tal vez en alguno de los barrios aledaños al cementerio.
- Ayala viajaba en colectivo y a veces (sólo a veces) en auto.
- Ayala era un tipo calmo, de otra manera, hubiera respondido a las agresiones de X.
Aunque esta última teoría podría inclinarse, por qué no, a suponer que Ayala realmente era homosexual, por lo que no le molestó en lo más mínimo el minucioso trabajo de X, pero, de ser así, esto tiraría por el piso los motivos supuestamente amorosos de X.
Los hechos nos obligan a tomar como cierta la última tesis (la de que era un tipo calmo y no respondió las agresiones), debido a lo cual de X se puede saber muy poco; simplemente que (en caso de que el hecho de la expropiación romántica haya sido el motivo) era un calentón y un machista, porque, al parecer, inculpó de todo lo sucedido a Ayala, dejando de lado la participación que a, llamémosle Z, le correspondería, tanto activa como emocionalmente.
El tiempo y el delirio de pulcritud fueron desgastando o repintando las paredes testigos del odio, pero, como en toda historia de amor, como en todo tango lacrimoso, sus huellas han quedado, y cualquiera puede toparse, en alguna pared venida a menos o en alguna torre de alta tensión, con una leyenda agonizante de smog y de sólo dos palabras llenas de revancha: “Ayala puto”.
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Alejandro Frias, en Twitter, @FriasAle
Ayala puto
Hace algunos años, una frase llena de revancha comenzó a sangrar desde las paredes. Muchos grafitis habrán pasado por tus retinas y pocos de ellos recordarás, pero es muy probable que de este no te hayas olvidado.