La Vendimia y todos sus meses previos, con fiestas distritales, departamentales y central y el resto de la parafernalia, son la gran oportunidad anual que tienen los intendentes (y de ahí para abajo) y el gobernador (y de ahí para abajo) para hacer campaña política casi gratuita y con una dosis, ya medida por cada quien y según los calendarios electorales, de demagogia.
Salen los funcionarios a mostrar sonrisas, a destinar plata para las celebraciones, a escuchar a los vecinos, a hacer promesas, a hablar si se les pide de la lucha antigranizo y los subsidios. En buen español, salen a hacer política.
Es parte del juego. Lo sabemos y lo aceptamos. Cada uno va a tratar de sacarle el mayor jugo a la Vendimia, porque del acto central para atrás, todo es política. De hecho, los intendentes saben que su popularidad puede aumentar significativamente si la reina elegida es la de su departamento.
La Vendimia es un hecho político antes que la fiesta popular que pretenden vender todos los años. Y si no, fíjense cuántos artículos periodísticos se refieren a lo político y a lo económico en estos días en relación con la Vendimia. O pregúntenle a Pérez y Boudou por qué desaparecieron del palco oficial mientras pasaba la marcha contra la megaminería.
Esto es algo que los políticos tienen en claro. Muy en claro. Por eso no pierden oportunidad de mostrarse en los actos y dedicar sus mejores sonrisas. Y también lo saben de sobra las gestiones provinciales, porque no hay mejor comienzo de año que un buen acto central, aunque el guión sea malo o mediocre. Es una oportunidad para congraciarse con la gente, porque es el momento en que más cerca se va a tener al gobernador y a algún que otro personaje de la farándula.
Por todo esto es que es difícil desentrañar cuál es la lógica que llevó a bastardear el guión e incluir en uno de sus cuadros el Metrotranvía, ese gigante que cada vez más se parece a un golem.
Detengámosno en el cuadro. Arribo de los inmigrantes a Mendoza. Representación con ropa de época y petates. Danza en sintonía. Tren. Claro, un tren, porque en estos lares lo que falta son puertos para barcos, así que nuestros inmigrantes descendieron de los trenes. Y en el medio, el Metrotranvía.
Sería bueno conocer de quién fue la tan brillante idea de incluir allí el Metrotranvía. Burdo, señores. Muy burdo. Alejandro Grigor pensó en un tren en el que arribaban los inmigrantes, y alguien desde el gobierno tuvo la maravillosa, brillante, lucidísima y más que original idea de meter en el medio el Metrotranvía.
Señores funcionarios que tuvieron la brillante idea, véanlo un poco fríamente, sin pasiones de propaganda política, y dígannos si no les da al menos un poquito de vergüenza. Tal vez ese es el camino inicial para pedirle disculpas al guionista, que, más allá de que la fiesta fuera buena o mala, ganó un concurso con un trabajo en clave poética que ustedes le destruyeron incluyendo el Metrotranvía.
Lo bastardearon.
Además de que mezclaron pan rallado y aserrín, porque, por si no se dieron cuenta brillantes pensadores de la propaganda política, el cuadro, lo repetimos, tenía que ver con el arribo de los inmigrantes, es decir, representaba algo que sucedió (tomen nota, por favor) a fines del siglo XIX y comienzos del XX, y ustedes le dieron un original toque incluyendo algo del siglo XXI.
Bonita la hicieron, y todo por forzar situaciones y buscar la forma de hacer propaganda a como dé lugar.
Encima, lo hicieron para seguir generando ruido con el Metrotranvía, ese monstruo que es necesario y que aliviará el tránsito y que mejorará el transporte público y demás, pero que ya inauguraron, ya probaron, ya le sacaron el jugo en campaña y hasta lo usaron como premio en un concurso literario, con lo que da la idea de que se ha transformado en caballito de batalla antes que en una obra pública. ¿O es que acaso deben convencer a la gente de algo más todavía?
En fin.
Y vamos a dejar la cosa acá nomás, pero también sería bueno saber si ese verso que decía “Mendoza, puerta del Mercosur” no fue también metido con fórceps para salir con los tapones de punta contra San Juan y su conexión con el Pacífico. Es extraño que después de tanto esfuerzo por decir las cosas de la manera más lírica posible, Alejandro Grigor haya agregado un verso tan burdo como ese, y esto da para sospechar.
Si el verso fue escrito por Grigor, sepan disculpar a quien escribe por ser tan desconfiado.
Si no, si fue metido en el guión como una cuña, a martillazos limpios y sin importar el resultado (como el Metrotranvía de los deseos en el cuadro que analizamos antes), entonces, señores de Cultura y de ahí para todos los costados y latitudes, hagan un mea culpa y discúlpense con el autor, porque le bastardearon el texto.
Alejandro Frias, en Twitter @FriasAle