Tribulaciones de una chica K

Llegaron conversando y se sentaron siguiendo el tema. Hablaban en voz alta, tal vez porque era su estilo, tal vez para poder entenderse por sobre los ruidos que salían del televisor. En cuanto los escuché, ya no pude volver a la lectura del diario con la concentración necesaria, así que, haciendo el esfuerzo inútil de evitar escuchar, escuché.

Foto: MDZ
Foto: MDZ

Siempre me siento incómodo cuando por casualidad, en algún lugar público, quedo en situación de escuchar una conversación ajena. A mí no me gusta que me escuchen oídos a los que no están destinados mis palabras. Y, consecuentemente, no me gusta engancharme a escuchar conversaciones en las que nada tengo que ver. Pero en estas ciudades ruidosas y de gente de tonos elevados en las que vivimos a veces uno no puede evitar oír lo que no querría oír.

Era martes a la mañana y tenía por delante un día agitado, pero a esa hora, a eso de las nueve y media, me quedaba un resto de tiempo como para tomarme un café, leer un diario y recién después encarar la vorágine laboral. Así que me senté en un café de la calle España, hice mi pedido y abrí uno de los diarios, el que tenía más a mano.

No pasaron ni cinco minutos que la mesa de al lado fue ocupada por una piba joven y un hombre notoriamente mayor. Ella, de unos veintipico, pelo desordenado, morral colgando del hombro izquierdo, daba el perfil de estudiante la Facultad de Ciencias Políticas, de la de Filosofía o de la de Arte. Quizás de ninguna de ellas. Él rondaría los cincuenta largos, saco marrón desteñido por el uso, canoso y de barba descuidada, unas carpetas bajo el brazo.

Llegaron conversando y se sentaron siguiendo el tema. Hablaban en voz alta, tal vez porque era su estilo, tal vez para poder entenderse por sobre los ruidos que salían del televisor. En cuanto los escuché, ya no pude volver a la lectura del diario con la concentración necesaria, así que, haciendo el esfuerzo inútil de evitar escuchar, escuché.

Ella: … pero por eso te digo, cómo mierda se hace, cómo carajo hace una para bancar esas cosas y quedarse como si nada…

Él: A ver, vas a encontrar miles de estas en la vida. La política está llena de contradicciones, y te acomodás o te salís… Yo te entiendo, pero la verdad es que no se me ocurre más que decirte que si estás mal, te vayas…

Moza: Buen día. ¿Qué van querer?

Ella: Buenas. Un café con leche.

Él: Buen día. Un café.

Moza: ¿Mediano, grande?

Él: Grandes los dos, y cuatro facturas.

Moza: Ya nomás.

Él: Bueno, pensalo bien y decidilo, pero no te olvidés de lo que te digo, la política es sucia, y con esto estás aprendiendo.

Ella: Pero yo no quiero aprender esto. A mí me vendieron otra cosa.

Él: A nosotros también nos vendieron otra cosa, pero nosotros tuvimos muertos... Y muchos.

Ella: Ya sé. Pero me jode. Decime vos cómo carajo meto dentro de lo que me decían estas cosas. A ver, yo entré a militar porque, justamente, parecía que por fin las cosas se podían encarrilar, pero...

Él: ¿Pero?

Ella: ¿No me vas a decir que no lo ves vos tampoco? Primero lo metieron al Paco y borraron de un plumazo a Carmona, ¿y nosotros qué hicimos? Nada, porque era lo mejor para la provincia... ¿Y la Ley Antiterrorista? Y ni te cuento cuando planteé en una reunión lo de los qom...

Él: No quiero sonar como un sabiondo, pero te lo dije.

Ella: Ya sé que me lo dijiste.

Moza: Permiso... El café... El café con leche... ¿Azúcar o edulcorante?

Ella: Azúcar.

Moza: Cualquier cosita, me llaman...

Ella: Ya sé que me lo dijiste, pero... Era otra cosa... Ayer me encontré con la Mariela y se me cagó de risa por lo de los maestros que trabajan cuatro horas por día y tienen tres meses de vacaciones... ¿Y qué le voy a decir yo? Si cada vez que pasa algo así se hacen los boludos y nadie aclara nada... Y a mí me jode, porque... Porque esto no era así, por lo menos lo que me vendieron no era así... Mirá a Moreno diciéndole gordo puto a Closs. ¡Me cago en la mierda! Si este gobierno era el del respeto, y resulta que Moreno putea y discrimina y usa la palabra puto para insultar y nosotros qué hacemos, nada, porque el proyecto nacional y popular no puede vulnerarse.

Él: No te pongás así. Estás empezando en esto. ¿Sabés cuántas decepciones te quedan por delante?

Ella: No sé si quiero decepcionarme de nuevo.

Él: Dejate de joder. Es el primer partido en el que militás. Ya vas a encontrar tu lugar.

Ella: Pero trataré de que sea un lugar en el que se pueda hacer autocrítica y no que todo se silencie y quede en la nada, como con el tema de...

Un ringtone con una canción de La Renga comenzó a sonar. Ella buscó el celular en el fondo del morral. Yo miré la hora, en quince minutos debía entrar en la vorágine del martes laboral. Llamé a la moza, y mientras sacaba los billetes para pagar alcancé a escuchar que la muchacha decía "estoy desayunando con mi viejo".

Tomé mis cosas y me fui pensando en la conversación que involuntariamente había escuchado, cuando sonó mi teléfono. Era el director del diario, para encargarme que le hiciera una entrevista a algún funcionario por lo del aborto no punible.

Alejandro Frias, en Twitter @FriasAle