En la Argentina, el consumo de lácteos se encuentra por debajo de las cantidades saludables recomendadas desde los dos años de edad en adelante.
El primer relevamiento local sobre el patrón de consumo de productos como leche, yogur y queso, reproducido por La Nación, revela que sólo uno de cada tres adultos ingiere las dos porciones diarias que aconsejan las Guías Alimentarias Argentinas entre los 19 y 65 años.
Entre los más jóvenes, los números son más bajos y despiertan mayor preocupación: el 72% de los chicos y el 90% de los adolescentes no alcanzan a consumir las tres porciones diarias recomendadas.
Cada porción es equivalente a un vaso de leche, a un pote de yogur común, una porción de queso del tamaño de una cajita de fósforos o dos cucharadas de queso rallado.
Los argentinos consumimos, en promedio, poco más del 60 por ciento de los 1055 mg de calcio diario que deberían ingerir.
Los chicos entre los 2 y 4 años consumen 719 mg/día. Los chicos en edad escolar (5 a 12 años) consumen unos 570 mg/día a través de 2,6 porciones diarias de productos lácteos y no lácteos.
Los adolescentes ingieren 444 mg/día con 2 porciones de ambos tipos de productos.
Los jóvenes de entre 19 y 30 años apenas llegan a los 372 mg/día con lácteos y no lácteos combinados. Y las personas entre los 31 y 65 años de edad consumen poco más de 352 mg/día de calcio.
El director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), doctor Esteban Carmuega, explica que, debido a la pérdida de la costumbre argentina de desayunar y merendar, va disminuyendo el consumo de lácteos. “Vemos que tomar la leche se pierde con la escolarización, que es la etapa más importante en el crecimiento.”, explicó el pediatra
Carmuega señaló que los adultos, deben dar el ejemplo y orientar a sus hijos para que sepan alimentarse adecuadamente, al ir a comprar al quiosco o elegir algún producto en el supermercado.
El director del Cesni señala las complicaciones que podemos sufrir si no revertimos nuestra conducta: “la anemia, la deficiencia de calcio, el exceso de algunas grasas pueden acompañarnos durante años, pero conspiran contra un crecimiento y una vida saludable”.