Después de que les enviaron el telegrama de despido en mayo de 2007, los obreros de la Curtiembre Argentina Italia decidieron no abandonar la fábrica, ni ese oficio que aprendieron desde jóvenes. Subsistieron gracias a bolsones de alimentos, custodiaron la empresa día y noche para que no robaran las máquinas y formaron la Cooperativa de Trabajo Curtidores de Mendoza Limitada, lo que les permitió gestionar la única empresa del rubro que hay en Mendoza.
En enormes tambores de madera, los cueros pierden grasa.
Cuesta imaginar que este predio de 6 hectáreas, ubicado en el carril Rodríguez Peña, un día estuvo abandonado, sin obreros trabajando. Pero los fundadores de la cooperativa recuerdan los difíciles días que pasaron después de ser despedidos, sin ninguna alternativa de empleo.
El proceso que realizaron y que concluyó con la formación de la cooperativa fue similar al que hicieron otros obreros mendocinos. Todos formar parte de la Mesa de Empresas Recuperadas por sus trabajadores de Mendoza, donde participan representantes de rubros tal disímiles como la gráfica, el turismo y la industria de la carne, entre otros.
En la barraca los obreros limpian los cueros recién llegados a la fábrica.
Empezar de cero
Después del despido, quinces obreros decidieron luchar por la fuente laboral y fueron Juan Moyano y Manuel Valero quienes gestaron la idea de formar una cooperativa, aunque no sabían cómo hacerlo. Pidieron ayuda a la comuna de Maipú, a los legisladores, a organismos estatales y al sindicato que los nuclea.
En uno de los sectores el cuero se plancha con vapor.
La fábrica produce unas 800 pieles vacunas por día y 1.500 de cabra y trabaja con el sistema denominado fasón.
Fue así como lograron que el Concejo Deliberante de Maipú declarara la fábrica de interés municipal, que los ex dueños de la empresa firmaran un comodato a su favor y que los legisladores aprobaran una ley de ocupación temporaria. Con ese último requisito, la jueza de la quiebra les permitió seguir produciendo.
Los obreros reactivaron la fábrica de a poco. Como no tenían capital, arreglaron ellos mismos las máquinas, mucha de las cuales son italianas y necesitaban repuestos importados.
Ciullini dijo que recibieron ayuda de distintos estamentos estatales.
Mariano Ciullini, uno de los integrantes de la cooperativa, explicó que hoy la fábrica produce unas 800 pieles vacunas por día y 1.500 de cabra. Y señaló que trabajan con un sistema denominado fasón, es decir que los productores aportan las pieles, ellos el trabajo y luego dividen las ganancias.
Para lograr estos acuerdos fue clave la intervención de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, a través de la cual se hizo el contacto con los productores caprinos organizados.
La fábrica tiene cinco sectores por donde pasan los cueros hasta concluir el proceso. Primero llegan a la barraca donde los limpian, se les saca el pelo y el exceso de grasa; luego reciben humedad, se lavan, se estiran, se planchan, se dejan secar y se tiñen. Después, en otro sector, se miden y se dividen de acuerdo a la calidad.
Los obreros cuidan que los cueros no estén arrugados, esto reduce su valor.
Ciullini explicó que en el proceso se utilizan químicos que impiden que el cuero se pudra, por eso tienen una planta de tratamiento de efluentes, que controla el Departamento General de Irrigación.
Hace unas semanas, los obreros hicieron un encuentro con artesanos con el objetivo de unirse y evitar así a los intermediarios. Es decir, hacer acuerdos con todos los eslabones de la cadena, desde el criador de los animales, hasta los artesanos que terminan vendiendo una cartera o unos zapatos.
Los obreros limpian el cuero para que no tenga pelos ni exceso de grasa.
El encuentro, que se concretó en la fábrica, fue positivo, ya que los artesanos mostraron predisposición para asociarse a la iniciativa.
“Creo que para llevar adelante este proceso no necesitás al profesor, al ingeniero, al accionista, pero sí la colaboración de todos los estamentos del Estados, como las comunas, los ministerios y la UNCuyo”, explicó Ciullini.
“Creo que para llevar adelante este proceso no necesitás al profesor, al ingeniero, al accionista, pero sí la colaboración de todos los estamentos del Estados, como las comunas, los ministerios y la UNCuyo”, explicó Ciullini.
Trabajar sin patrón
Humberto Carmona lleva más de 30 años en el oficio y conoce cada recoveco de la fábrica. Hoy, aunque está jubilado, sigue siendo parte de la cooperativa y una de sus tareas es enseñar a los más jóvenes los secretos de este trabajo.
Humberto Carmona, uno de los socios fundadores de la cooperativa.
Humberto analiza los pro y los contra de trabajar sin patrón. Dijo que se trabaja con libertad, pero que no sólo hay que estar pendiente del trabajo, sino también de pagar a los proveedores, la luz, el gas o que nadie se accidente.
“Nosotros empezamos sin un peso, teníamos que recuperar clientes, pero hubo mucha gente que nos ayudó y nos entendió. Yo creo que una cooperativa bien manejada funciona”, dijo Humberto. Y como muestra mira a su alrededor, donde cada obrero hace tu tarea, aunque no tienen patrón.