Estuvo muerto y enterrado
desde que fue parido
desde que chupó la leche
de sus primeros rencores
muerto y bien muerto
a pesar de que respiraba
y a veces pedía pan
a muerte olía
como los loqueros huelen a orín
todos le huíamos
porque en la oscuridad te podía matar
y de día también
cayó con muerte de bala
con muerte de paco
con muerte de mierda
a nadie le extrañó
que su muerte fuera tan llena de muerte
cuando la policía entregó sus huesitos de trece años
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Vuelven cada febrero
como esas ratas que no se pueden matar
vienen de lejos
traen las manos redondas
blancas
apiedradas
por un peso
por dos
por tres
te venden “los mejores melones de Lavalle”
te prometen miel
agua almibarada
dulzuras del cielo
la “chata” en que vienen envueltos
los desmiente a gritos
lo desmienten sus ojos
su cuero
su sepia
paridos en una fragua
vienen de una tierra odiada por el sol
quemada por el espanto
abollada por el olvido
su historia se pierde y se derrite
como un melón en la boca
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Cansado de mamar aire
de masticar vientos
de saborear hambre
un bebé se ha muerto calladitamente
sin propagandas ni reportajes
los ojos secos
los pómulos huesos
las manos descascaradas
los deditos cansados de rasguñar senos inútiles
en mi país olvido
hay pibes que se marchitan con la panza globo
con tripas que rugen
con ruidos que ruidan
con lloros que no se lloran
la piel cuero
el cráneo luna
la canillas estacas
hambre macho
hambre puto
hambre que llora en las noches
con lágrimas que han perdido su sal
los pibes se mueren
pero no importa
ya vendrán otros
con otras lágrimas
con otras uñas
con otras muertes
mi país es generoso
hasta para amasar cuerpitos
que se regalan a la muerte
Poemas de verano: la mirada social de Oscar Miremont
Profesor de Historia, ha publicado los poemarios “La orilla y los fantasmas”, “No me pidas que me muera contigo” y “Los hijos de Huar”. Este año aparecerá su cuarto título, “Negradas”, poemas referidos a los esclavos africanos que vivieron y sufrieron en Mendoza.