El rock mendocino podrá ser inmortal

A esta altura del asunto, se puede decir que hay una historia del rock mendocino, que arranca a mediados del siglo XX y también que hay un sonido mendocino de rock. Aquí, dos trabajos que apuntan a eternizar esa música de bares y garajes de suburbios del pie de la cordillera andina y que ha sonado en todos los continentes.

Los Enanitos Verdes, un punto alto del rock local. Foto: EFE
Los Enanitos Verdes, un punto alto del rock local. Foto: EFE

Los vanos criticones siempre se amparan en la mención de las grandes obras ajenas y lejanas para criticar aquello que no entienden o no comparten.

Alcohol Etílico, rock de los '80.

Los trompeteros, los toscos, los mercantilistas, los melindrosos, los conservadores, sólo festejan resultados y jamás disfrutan de los procesos. Por eso, toda crítica jamás dejará de ser superficial, porque la verdad de sus sentencias desconoce la profundidad de los procesos de las obras (el periodismo, por cierto, es un género literario, otra de las formas de la crítica) y porque toda crítica no es otra cosa que el comentario sobre un comentario.

Así, si un trompetero promedio ve a un escultor mechudo en una plaza fabricando madonnas con migas de pan, o títeres de trapo o bicicletas con alambres de cobre, él dirá: “Mirá qué triste el hippie mugriento este... ¡Y pensar que Miguel Angel hizo la Pietà hace ya 500 años! Esta provincia está perdida”. Acto seguido, incluso se preguntará por qué la policía no interviene las plazas públicas.

Jorge Benegas, prócer del rock local.

Sin embargo, son esas tímidas obras las que terminan por configurar nuestro concepto de cultura. Si bien la miramos, su aún nos queda corazón para ello, veremos que toda obra es un concepto en movimiento que se hizo carne y cantó.

Detrás de cada canción, cada poema o pintura, cada danza o perfomance o fotografía o grafiti que nacen, deberemos estar viendo aquello en lo que nos convertiremos, también, por supuesto, nuestros monstruos.

Esto, por ejemplo, ha pasado con el rock mendocino: empezó con guitarristas de tres tonos en garages perdidos en los barrios más alejados y, canción sobre canción, se puso de pie con fuerza de producto genuino de nuestra cultura.



Buena noticia 1



Si uno ha transitado algunas décadas alimentándose de las bandas de rock mendocino, es posible que, por allí, en los suburbios, se encuentro con algunos de aquellos protagonistas de primera mano de la historia. Son ellos los indispensables, los absolutamente olvidados y, a la vez, los inolvidables.

Como muchos, casi todos, no saben de quiénes se trata, por suerte también para esta música, los académicos y sus metodologías de estudio e investigación también han puesto el ojo sobre este fenómeno social desplegado en el tiempo.

Es el caso de una de nuestras dos buenas noticias al respecto: ahora, está disponible en la Biblioteca Digital de la UNCuyo un libro muy importante para el análisis y la comprensión de este portento.

Se trata del libro “Extramuros, la historia del movimiento del rock mendocino”, escrito por los sociólogos Graciela Cousinet, Marcelo Padilla, Víctor Etepa y Marcelo De Luca. El prólogo –hay que hacerse cargo

Esta publicación, editada por Ediunc de la UNCuyo, es un resumen de la historia del rock, que arranca en 1957, cuando llegó a las pantallas la película “Bailando al compás del reloj”.

Hay en “Extramuros…” entrevistas a protagonistas de las distintas décadas y un recuento de 640 bandas, al menos, hasta fines de los años ’90. Este libro, entre muchas cosas, dio origen a una segunda buena noticia al respecto.

Si querés bajarte el libro, hacé clic aquí. 



Buena noticia 2



El segundo intento de inmortalidad tiene que ver con la producción, ya en proceso, de un documental sobre la historia del rock mendocino. La iniciativa cobró fuerza luego de que Ricardo Turesso y Ana Pelichotti, de la productora “Cínicos videoexperimentos”  obtuvieran una beca del Fondo Nacional de las Artes.

Nicolás Taiariol, Ana Pelichotti y Ricardo Turesso.

La productora existe desde 2007 y los encargados, además de cineastas, egresados de la
Escuela Regional Cuyo de Cine y Video, también son docentes del abanico audiovisual.

En 2009, en el marco de la Feria del Libro, los productores tomaron imágenes de la presentación, precisamente, del libro “Extramuros…”. Dice Ricardo: “Con el libro en la mano y esas ganas de filmar ya endémicas, el resultado era predecible, en cuanto lo leímos sentimos que el libro pedía a gritos un documental. Además de que la historia del rock mendocino es muy interesante por su propia sustancia, el libro en sí está muy bien organizado, es casi un guión cinematográfico. Tiene una columna vertebral que estructura el relato a través del tratamiento histórico y sociológico contextual del período que analiza (1958– 1998) y sobre ese soporte académico, comienzan a sucederse una serie de testimonios absolutamente imperdibles en la palabra de los que fueron protagonistas y testigos directos del rock en nuestra provincia”.

Mario Mátar, 100% rockero.

Y completa: “De postre, el libro trae un anexo fantástico que es un listado de las bandas que hubo en Mendoza desde los años 50 y donde se consignan los integrantes, el estilo que tocaban y algunos apuntes y observaciones respecto de cada una con información
adicional. Todo esto facilita sobremanera el trabajo de preproducción de un documental, razón por la cual nos sentíamos aún más impulsados a la tarea de llevarlo adelante”.

Así dadas las cosas, los productores invitaron a una reunión a los sociólogos y el documental empezó a tomar forma. De aquí, a la obtención de la beca, no hubo mucho trecho.

Silvia Mechulán, diosa y rockera.

“En estos momentos estamos junto a Ana y Alicia reclutando al equipo técnico y artístico para el rodaje, trabajando en el guión técnico y armando las entrevistas. Si todo va bien, esperamos que entre marzo y abril del próximo año el documental esté listo para encontrarse con sus verdaderos hacedores, los protagonistas del rock mendocino”, finaliza Ricardo, con una promesa.

Estas referidas iniciativas ya tienen antecedentes muy válidos al respecto.

Por un lado, está el trabajo del editor de MDZ Walter Gazzo, quien publicó el libro "50 canciones del rock mendocino", en 2007, que incluye una breve descripción de la historia del rock local.

Walter además dirigió el documental "Mendoza Rock", que logró difusión provincial y nacional.

Por otro lado, también existe en la provincia el documental "Territorio Punk", que relata el devenir de este  movimiento en nuestros pagos, en particular de tres bandas, con sus estéticas. Este trabajo fue dirigido por Miguel Luna y Andrés Lübbert.

Así es, al fin y al cabo, como se construye la cultura: desde los tímidos rasguidos de un mechudito con acné sobre su cama, en una pieza de barrio obrero, hasta los ámbitos académicos y escenarios internacionales.

El rock mendocino, 55 años después, tiene lo que se merece, ni más ni menos que aquello que supieron conseguir.

 

Trailer de "Territorio Punk"