Mitos de la Mendoza conservadora

El sociólogo Claudio Fernández escribe aquí una columna sobre aspectos que hacen a la definición de nuestra provincia como “conservadora”. Un texto por demás interesante para ayudar a entender cómo somos los mendocinos.

Hay ciertos mitos “sociales” tan poderosos, tan enraizados, tan repetidos y defendidos por el “sentido común” y la opinión pública, que al final terminan por parecerse mucho a la realidad y hasta modifican la manera que “la gente” tiene de concebirla. Uno de esos mitos dice que Mendoza es una sociedad conservadora, y sí, si la comparamos con otras sociedades más grandes, más cosmopolitas, con mayor movilidad social, grandes centros administrativos, comerciales y culturales como Santiago de Chile o Buenos Aires, claro que Mendoza es conservadora. Pero debajo de esa inocente idea hay una intención pérfida, hay un deseo de que esta sociedad no cambie, siga siendo siempre igual, que sus estratos sociales no se modifiquen, que no se mezclen los tantos, que la sociedad no se vuelva diversa, que la cultura siga siendo la gran cultura, que el poder siga siempre donde está, conservado para los mismos de siempre. Según los defensores de este mito, Mendoza es una sociedad conservadora y como tal no tiene que cambiar, porque si cambia deja de ser Mendoza, la conservadora.


La que acunó la Libertad


Con todo el respeto que me merece su autor, o su descendencia, la estúpida canción de la Vendimia dice “Mendoza/ la que acunó la libertad”, y es lo único valioso de esta canción que se repite todos los años sin sentido. Mendoza fue un punto clave de la revolución y la independencia de la Patria Grande, a pesar de la oposición de los conservadores que desde siempre la gobernaron y que echaron a patadas al futuro padre de la Patria, por loco, por masón, por adultero, por impuro. Ellos mismos un siglo después le devolvieron los laureles y lo vistieron de bronce, y hasta se llamaron así mismos “Sanmartinianos” y guay con decir que el Gral. San Martín era hijo de una indígena, cómo se atreven estos impíos a manchar el linaje del prócer con la sospecha mestiza de los infieles! Por si no lo recuerdan, los representantes de la rancia sociedad mendocina pegaron el grito en el cielo cuando se publicaron aquellas biografías que ligaban a Don José con la tierra y la sangre americana. Por ellos, por los guardianes del status quo, es que esta sociedad se digna a llamarse así misma conservadora, y lo hace con orgullo, con altura, con el honor de los vencedores del discurso.


La fiesta de la tierra y el trabajo


Es sabido que los vencedores arrebatan las banderas de sus adversarios, les cambian el sentido simbólico que en ellas encarnas y en el caso de que esos símbolos sean muy poderosos, las disfrazan. Así es cómo el “folclore” y la cultura popular son atravesados por el poder dominante hasta deformarlos, desmantelarlos y dejarlos huecos, porosos, vulnerables al ataque certero de la mediocridad mediática y basura masiva. Respondo aquí a quienes creen sentir que la “Vendimia” es parte de la cultura popular y del folclore cuyano. La fiesta oficial de la Vendimia siempre fue una farsa, un robo, un artefacto cultural, un dispositivo discursivo que oculta la injusticia social y la marginalidad que sufren los trabajadores de la tierra. En 1936 y en el 2011. La fiesta es del Patrón de la Tierra, de las Fuerzas Vivas, de la crema opulenta y servir a los capitales extranjeros. Mientras que las semillas metafóricas de las tonadas, los cogollos, los compadres y las musas de chapecas negras y piel morena habrá que irlas a buscar muy lejos, desperdigadas por el desierto, en los surcos olvidados y apelmazados de olvido.     


Esnobismos Porteños


Cuando se cuestionan estos tópicos de tradición y folklore, cierta parte de la sociedad se siente ofendida en su mendocinidad y entonces “reacciona”, ya sabemos como actúa el “medio pelo” cuando se ofende al linaje de clase alta al que no pertenece pero al que desea y respeta con adoración. La Mendoza conservadora no puede cambiar y por eso es que cuando llegan “influjos” como la despenalización de la marihuana, el aborto legal o la ya aprobada “Ley de Matrimonio Igualitario” (esos “esnobismos porteños” como llamó a esta ley el ex ministro Adaro, supuesto hombre K defensor de los derechos humanos) el avispero de la reacción se mueve que da calambre. Pero si ustedes quieren entender qué es el resentimiento, si lo quieren conocer al resentimiento de clase en carne viva, les voy a describir un ejemplo muy concreto.


Resentimiento de clase


Hace un año, mientras que en Buenos Aires se trataba la ley de matrimonio Igualitario, aquí en Mendoza agrupaciones políticas y sociales realizaban en la plaza Independencia un encuentro pluricultural a favor de la aprobación de esta ley. En la plaza estábamos todos los “loquitos” que queremos cambiar las cosas, había música, baile, artistas plásticos con sus obras, parejas de homosexuales, había familias con niños, abuelos, abuelas, se respiraba libertad y respeto, sobre todo mucho respeto. La fiesta comenzó con un hermoso vals “diverso” al que se invitó a bailar a todos, estuvieran o no en pareja, te gustaran los de tu mismo sexo o los del sexo opuesto. Mientras que del otro lado de la calle Patricias Mendocinas, detrás de las vallas, en la “casa de las Leyes” se congregaban agrupaciones religiosas y legisladores que se oponían a esta ley, ofendidísimos, lastimados en sus creencias y horrorizados por esta legislación del demonio. En nombre de la moral, del recato, en nombre de la Mendoza conservadora, estos buenos señores destilaban un odio atronador. Demonio, infierno, degeneración, eran los calificativos que se utilizaban para denominar al atrevimiento de estos “desviados”, de estos “incrédulos”, de estos infieles. Daba mucha pena oírlos, eran gritos de desesperación, de intolerancia, de ignorancia, de estupidez y de un gran resentimiento hacia lo desconocido. Tienen mucho miedo, demasiado miedo, no tanto por la “degeneración” del pueblo, tienen miedo de que el “mito” que los sostiene se les disolviera y pierda su efecto de “cohesión social”.