Telegráficamente, de Andrés podría decirse que nació el 15 de mayo de 1984 en Córdoba Capital, tiene tres hermanos y una hermana, un sobrino y dos perros. Tiene pelo corto y una trenza fina en la nuca. Estudió veterinaria en la Universidad Nacional de Río Cuarto y se recibió con el mejor promedio. Empezó a investigar en tercer año de la facultad. Trabajó en San Luis en un haras. Le ofrecieron clonar cerdos y dijo que no. Se mudó a Buenos Aires en 2008 para trabajar en clonación equina. Está becado por el Conicet para hacer un doctorado. Da clases de fisiología animal en la facultad de Agronomía de la UBA. Está a favor del matrimonio entre homosexuales, pero votaría a Macri. Le gusta el pop. Le gustaría trabajar con caballos y dar clases toda su vida. El laboratorio lo aburre, prefiere el campo.
Agronomia
Es el primer día de julio y Andrés me recibe en la entrada de la facultad de Agronomía de la UBA, y casi lo primero que hace es mostrarme que le está saliendo un herpes en la boca por el estrés. Tuvo una semana complicada: le quisieron robar el auto que hacía unos días se había comprado, una de las yeguas preñadas abortó el clon, y una de las mujeres que trabaja en el laboratorio mató -accidentalmente, al confundir formol con agua- todos los embriones que hacía dos meses estaban creando para un hombre que trabaja con Adolfito Cambiaso.
La facultad de Agronomía está en una zona de Villa Urquiza a la que los vecinos llaman "Agronomía". Está rodeada de un cerco y tiene calles internas. Calles con autos que avanzan sigilosos, a paso de hombre. Calles con estudiantes y docentes. Los pocos edificios que se desprenden a los costados están camuflados entre árboles. Hay un sendero, más árboles, plantas, hay verde y silencio. Al fondo, asoma un edificio donde está el laboratorio. Atrás quedaron las bocinas, la gente apurada, el caos del tránsito.
-Mirá qué lindo es esto. Estás en la ciudad pero también en el medio del campo -dice Andrés.