Perdidos en la urbe arrasada

Sataki Yusawa primero se quebró, pero se recompuso de inmediato. Porque esta viuda de 69 años tiene motivos para estar agradecida: su hijo y su familia no estaban en su hogar cuando las gigantescas olas llegaron.

En medio de ese paisaje de escombros y desolación, la mujer buscó con la mirada el terreno donde estaba la casa recién construida de su hijo, que fue barrida por el tsunami, pero la destrucción es tal que no logró estar segura de dónde se encontraba.

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