¿Yo como vice de la señora?

Cuando terminó la llamada quedé en estado de convulsión profunda. Un funcionario de la Casa Rosada, diría que de segunda línea, acababa de tantearme para ver si aceptaba que se hiciera circular mi nombre como candidato a vicepresidente de Cristina.

Cuando terminó la llamada quedé en estado de convulsión profunda. Un funcionario de la Casa Rosada, diría que de segunda línea, acababa de tantearme para ver si aceptaba que se hiciera circular mi nombre como candidato a vicepresidente de Cristina.

La propuesta era descabellada por donde se la mirase. Por de pronto, no me conoce nadie, ni siquiera soy dirigente político y mi adhesión al kirchnerismo, si bien ardorosa, fanática, es más bien reciente y nada correspondida. A todas luces era una locura, y, lo peor, una locura que me tenía loco de entusiasmo y orgullo.

Le pregunté al funcionario, peronista de toda la vida, si me estaba tomando el pelo. Viejo lobo de mar, lo puso en estos términos:

-Es cierto, no te conoce nadie, pero apenas empiece a circular tu nombre serás una celebridad, y de paso -no te enojes- por fin conseguirás que alguien lea tu columna. De todos modos, creo que no me entendiste: no queremos que seas candidato, sino que circule tu nombre, como contrapeso a los que ya han empezado a instalar todos esos zurdos que le están quemando la cabeza a la señora.

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