Sea por seguridad o para mantener concentrados a sus empleados, las empresas suelen tener una política restrictiva sobre el uso de internet. Algunos pueden bloquear sólo ciertos sitios (como redes sociales o acceso a webmails) mientras que otros prefieren directamente cortar de raíz el problema y bloquear todo acceso a la web, dejando habilitado sólo algunos pocos sitios (como el institucional de la empresa o el de home banking).
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