“Mario, vos también sos franco”

Mario Vargas es sociólogo y miembro activista de sexo-político en Vanguardia Queer. Aquí, su texto homenaje a Mario Franco.

Hace seis años, allá por el 2005, Mario Franco nos dejaba.

Creo que fui afortunado, tuve la posibilidad de contar con el Mario, allá por el 99 y el 2000, tiempos violentos, tiempos neoliberales, donde los bufones del sistema, hablaban del fin de la historia, del fin de la ideología, del “no te metas”, del “sálvese quien pueda”, tiempos en el que nosotr*s entrabamos a la facultad a buscar respuestas, y posibilidades de frenar la inexorable historia de la infamia, del crecimiento yanqui ilimitado, que dejaba en escenarios locales, historias de frustración, de desaliento, de incredulidad, de desigualdad, de opresión, de mierda.

Él hablaba de aparatos ideológicos, de aparatos represivos, de condición y de posición de clase, de estructuras, de la creación de un nosotros subalterno, de la imposibilidad de cambiar un sistema, con solo cambiar las caras que ocupan antiguas estructuras de dominación, yo escuchaba atentamente, aprendía y cuestionaba, en momentos donde no podía entender su peronismo de izquierda, en momentos donde lo único que se podía hacer desde esa juventud, que si creía en la política, pero era solo un sector pequeño era resistir, tirar piedras, y escupir.

En tiempos donde no se cree en nada, el Mario, con su acidez, con sus conocimiento, con su humor - tan políticamente incorrecto siempre- nos dejaba una duda, un concepto en que pensar, nunca una verdad, el decía siempre a lo leninista, que solo teníamos aproximaciones y que mirar las cosas desde el lado de los oprimidos nos daba un mejor margen de visión, pero nunca hablaba de una verdad absoluta, de un dogma regulador, creo que por que él también se cagaba en todo, y creía que este mundo tenía que ser reinventado.

Teníamos discusiones, siempre. Yo le cuestionaba las fichas que le ponía a ciertos espacios políticos, y el viejo sabio, me miraba, me chicaneaba, me irritaba, y después con su ronca risa loca, hacia un comentario con el cual yo solo podía morirme de risa, junto a él. Alguna vez me dijo, “Nosotros somos tocayos, pero además nos parecemos en algo, Mario, vos también sos franco”, para él la sensatez y la lealtad eran valores innegociables.

No sé que hubiera sido del Mario hoy, en tiempos de matrimonio igualitario y de identidad de género, me gusta imaginarlo marchando en la calle con nosotr*s, con los putos, con las tortas, con las travas, con los excluidos de siempre, en este espacio del cual él siempre se sintió parte.

No pude ponerme triste con su muerte, el eligió como vivir siempre, y también como morir, cuando entendió que ya no quería vernos más, como lo hacemos nosotr*s, los corazones sin dios.

Recordarlo, solo me deja una sonrisa, las ganas de un último abrazo fraterno y la certeza de que esta historia que estamos construyendo tendrá siempre un capitulo para él.