Frío o caliente; lo tibio lo vomito

Antes que nada mi solidaridad con Lutherieces que seguramente, como nosotros, no deben haber entendido porque les pasó eso. Imagino ese momento y debió ser terrible, en plena actuación que un sacerdote suba y corte tu obra.

¿Por que un cura haría semejante barbaridad? Censurar, prohibir ¿en nombre de quien? Les pido que no piensen que lo hizo en nombre de Dios. Lo hizo en su nombre, y eso es lo grave. Este sacerdote pecó públicamente ante miles de personas. Es que antes de ser cura, es un hombre, simple, común, con sus miserias y sus errores. Sólo la soberbia de creer que el tiene todo el derecho de hacer lo que hizo lo enceguece convirtiéndolo en una persona cerrada. ¿De donde sacó el  derecho de subir a un escenario y cortar en nombre de los católicos una canción? Si se sentía molesto debió retirarse, pero nadie ni él ni nosotros debemos coartar la expresión del otro. Simplemente por que somos iguales, no hay autoridad ni seres superiores. La falta de humildad, condición primordial en un cura, hace olvidar todo esto.

¿Por qué creo que el cura pecó? Porque no cumple con la palabra de su Dios. En el idioma “católico”, como le gusta al cura, dice la Biblia: “Lo que entra al hombre no lo hace impuro es lo que sale del corazón lo que hace impura a la persona, los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, la codicia, la maldad, el orgullo”.

Y él tuvo malos pensamientos y orgullo que lo llevaron a cometer un acto impuro: ensuciar lo que no está sucio, y sentirse un todopoderoso para decidir lo que la gente puede o no puede ver.

Frío o caliente, lo tibio lo vomito. Reza una parte del Apocalipsis que Dios prefiere a los fríos (los que no creen y defienden su postura) o los calientes (los que lo siguen y cumplen con sus mandamientos) pero vomita de su boca a los tibios: los que creen y no cumplen con su palabra. Esto fue el padre de Malargüe, un tibio. Sólo la tibieza permite actos así, no condice sus actos con las leyes de su iglesia. Porque el seguir a Dios es cumplir con sus mandamientos. Es no tomar su santo nombre en vano, es no cometer actos impuros, es amar al prójimo. Es tener humildad  para que nos permita conocer y entender al otro. El poder nos acerca a la soberbia y ella es la que se encarga de encerrarnos y dejar de escuchar para luego creer que somos dueños de la verdad.

Entonces nada se podrá hacer, con los tibios, Dios dice que nada se podrá hacer.

Nada se podrá esperar,  ni siquiera  que alguna autoridad eclesiástica respondiera, no por él, sino por los católicos que el padre, en su nombre, anoche, censuró.

No esperemos que alguien salga a dar una opinión, porque puede herir susceptibilidades, y una vez más dejarán las cosas como están. Ellos, los curas, lo llaman discreción. Para mi es omisión.