“No es vicio ni fornicio sino por el puro sacrificio” rezaba la frase bordada en torno de la pequeña abertura en la región genital –para que el acto sexual no conllevara el quitarse toda la ropa- en las camisolas de dormir de las mujeres durante siglos.
Las realizaciones, o las irrealizaciones, amatorias dentro del matrimonio eran y continúan siendo un misterio construido no sólo por los miedos y pasiones de los protagonistas de esa unión, sino por los mandatos sociales y culturales que los determinan.
Pero, ¿qué es el matrimonio? ¿Quién podría hoy dar una definición cerrada de la palabra matrimonio? ¿Qué se nombra cuando se dice matrimonio?
La definición de la Real Academia Española –“unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales- ya quedó absoleta en virtud de la reciente aprobación de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Para los católicos es un sacramento; para algunos es sinónimo de convivencia de una pareja; para otros significa cohabitar y tener hijos con el compañero o la compañera elegida; para unos es casarse legalmente; para otros, simplemente, unirse. El matrimonio significa cosas diferentes para personas que viven una cultura diferente, no importa si comparte nuestra geografía o habita en otro lado del mundo.
La palabra matrimonio proviene del latín matrimonium y etimológicamente significa “calidad de madre” y se consolidó a través del Derecho Romano para darle legalidad a la mujer que abandona su familia de origen para tener hijos con un hombre quien, gracias a la institución matrimonial, se convertía en su “padre legítimo”. La maternidad, a través del mandato de la procreación, ha sido un pilar de la cultura occidental y atraviesa todas las corrientes ideológicas, políticas y religiosas.
Pero los vínculos amatorios y las expresiones de la sexualidad en el matrimonio tienen una historia tan larga y como compleja. En ella destaca la doble moral autorizada de los varones que reserva a las mujeres el lugar del sostenimiento de la familia en tanto que madre, cocinera, enfermera y compañera obligada de cama.
Las restricciones de la sexualidad dentro del matrimonio obligaron durante siglos a hombres y mujeres a la sujeción forzosa a vínculos insatisfactorios, hasta que llegó el divorcio vincular. La mojigatería y la mentira parecen ser una marca registrada en la historia del matrimonio.
Pero, ¿qué es entonces el matrimonio? La literatura siempre tiene una repuesta y en este caso ha revisado, y lo sigue haciendo, exhaustivamente, qué pasa dentro de una pareja, qué les pasa a un hombre y a una mujer metidos dentro de la institución matrimonial, cuáles son sus miedos y deseos, sus verdades y sus trampas, lo que dicen y lo que callan, qué sienten, qué esperan, qué aman y qué odian del otro, qué les da consuelo, por qué se siguen eligiendo, por qué se separan.
Para pensar, intentar aproximarnos a una escurridiza respuesta, recomendamos Cuentos de matrimonios, una bellísima, provocadora, triste e intensa antología que reúne magníficos relatos de una docena de escritores de todos los tiempos, de Giovanni Boccaccio a Carlos Fuentes, de León Tolstoi a Rosa Montero, de Guy de Maupassant a Clarice Lispector.
El libro, editado por Alfaguara, con prólogo de Claudia Piñeiro, no nos dará una respuesta definitiva, pero nos proporcionará una perdurable sensación de anhelo, deseo, alegría y desasosiego, como lo que nos produce, o nos produjo, la persona que elegimos para vivir nuestro “cuento”.
Patricia Rodón